Ya esta hecha la nueva página web. Visitala bajándote "Jantaro en el Mundo de los Shinigamis" gratis y sabiendo donde puedes encontrar "Las Cuatro Llaves de Asahel" mi primer libro editado.
PEÑUELAS (LITERATURA FANTASTICA)
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jueves, 6 de marzo de 2014
lunes, 17 de febrero de 2014
jueves, 9 de enero de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
martes, 7 de enero de 2014
LAS CUATRO LLAVES DE ASAHEL (BOCETO PORTADA)
Las manecillas de un reloj se mueven al son del tiempo,
aunque está teoría se jode cuando paras el puñetero reloj. Intentaba decir de
una forma poética que llevó mucho tiempo sin escribir en mi Blog, y es que tengo
una buena razón. El libro de “Las Cuatro llaves de Asahel” está en marcha. En
un breve periodo de tiempo saldrá a la venta y éste es el boceto de la portada.
¿Qué os parece?.
martes, 16 de julio de 2013
DIOSES DE ROCA Y METAL (KAMI COMIENZA A CONCEDER SU PRIMER DESEO)
Podríamos decir que kami,
definitivamente, no es una entidad divina corriente. Su modo de resolver los deseos de sus fieles
alcohólicos no suelen ser muy ortodoxa, pero funciona, que es lo importante.
Como recordaréis en la
anterior entrega de “Dioses de roca y Metal”, Alberto Ruiz se encontraba tumbado
casi sin sentido en el suelo. Nuestro Dios nacía delante de él y dos fanáticos
del Manga observaban expectantes como se creaba una leyenda.
“¡Quiero tocar la mejor
canción de la historia!”, esa fue la frase que llevó a crear al único. Es …… KAMI.
Luisa, la novia de Alberto
andaba buscándole por el parque. Lo último que supo de él había sido hacía casi
dos horas. Las dos cotorras que estuvieron hablando con ella fueron cortadas
por la impaciencia que la invadió, y no sin grandes dosis de sutileza por su
parte. Porque directamente y literalmente, las mandó a la mierda.
Al fin vislumbró su figura
característica a lo lejos: Llevaba una cazadora vaquera sin mangas con el
dibujo cosido del “Number of the beast”
de Iron Maiden. Al instante, corrió hacia él preocupada.
─¿Dónde coño estab… ─no pudo acabar,
Alberto la besó en los labios con tal pasión que el corazón de ella dejó unos
segundos de latir. Era estar con otro hombre, algo que llevaba la satisfacción
a un nuevo eslabón del placer. Los sentidos se volvían irreales y ella sólo
sabía que aquel no era su novio. No sabía porque, pero lo sentía. El placer era
tan profundo e intenso que no podía separar sus labios de su boca.
Alberto se levantó
tambaleándose, maldiciendo su mala suerte. Su botella se había roto y tenía los
pantalones manchados de barro. Recordaba esbozos en su mente de lo ocurrido en
aquel nacimiento divino, y sólo el pensar en quitarse de su boca el regusto de vomitar le mantenía erguido.
Tambaleándose buscó a Julia y la encontró. Estaba medio desnuda gimiendo de
placer con un heavy de pelo largo y blanco…
martes, 2 de julio de 2013
LA CREACIÓN DE UN DIOS NO ES FÁCIL
La creación de un Dios no es
fácil, deben coincidir diferentes condiciones poco comunes a la vez. No existen
muchos en este mundo y cada uno de ellos depende de la Humanidad. Sin los deseos de la gente y sin su fe, desaparecían. Los
acontecimientos que se deben conjuntar
son asombrosamente particulares. Estas máximas inamovibles deben
cumplirse en un orden determinado: La oscuridad de la noche debe de ser la cuna
en donde nazca, la naturaleza estará presente como testigo, (el centro de una
ciudad es un lugar repleto de acero y aluminio, aunque a veces hay vergeles
donde la vida crece sin importar la contaminación inherente al progreso). Otra
condición es que un ser humano pida un deseo con todo su corazón a un hijo de
la naturaleza: un árbol, un animal, una montaña o simplemente una roca, y el
último es que una música esté presente
en el ritual. No puede ser una cualquiera, si no una lo suficientemente
inspirada para hacer aflorar lo mejor y lo peor de la gente; un canal para la
invocación.
Alberto Ruiz era un
guitarrista de una banda que estaba comenzando a moverse. Corría el año 86 y
fue una época donde el heavy era el gran triunfador: Iron Maiden, Motor Head,
Saxon, Baron Rojo…
Un tiempo donde la gente
disfrutaba in situ de una música que
jamás morirá. Un sueño de acordes que forman una armonía tan perfecta como
salvaje. No existía nada parecido y
Alberto lo sabía. Su banda “43 grados” ya había tocado en salas importantes
como Barrabás, Canciller y había sido telonero de los Obus en un concierto en
las fiestas de un pueblo de Burgos.
Su pelo largo moreno y liso
caía siempre sobre su cazadora vaquera sin mangas con el dibujo cosido del
“Number of the beast” de Iron Maiden. Su
figura característica hacía que la gente le reconociese en la calle y fueron
dos seguidores de manga japonés de su barrio, los que empezaron la leyenda.
Un día se desplazó fuera de
Madrid. De mano de su novia Ariana, fue conducido a un botellón en un
parque. La gente a su alrededor eran de
otra movida, sus ropajes llamativos y su cultura musical no le transmitían
nada. Él se alejó con su botella de vodka dejando a ella hablando con dos
chicas que en el fondo parecían simpáticas. Andando sin rumbo, escuchó sus
pensamientos, sus deseos más profundos; aquellos que están escondidos en nuestra
cabeza. Hay veces que los olvidamos y nos convertimos por desgracia en engranajes perfectamente sumisos de esta
sociedad, pero aquel día no. Soñaba con componer la mejor canción de todos los
tiempos. El alcohol ayudaba a abrir la ventana de saber lo que es o no es real,
y en aquel momento pedirle a un roca del suelo tu más intenso deseo podría ser
visto como el acto de un loco. Poco a poco de sus labios surgió su petición y
el silencio lo inundó todo. El tiempo se paró y sonó de la oscuridad de la noche
“Iron man” de Black Sabbath, un radiocasete que se encontraba alrededor de unos
Heavys era su divino transmisor.
Alberto hincó la rodilla en
el suelo embarrado y volvió a pronunciar las palabras que resonaban en su
corazón.
─¡DIOS, DESEO TOCAR LA MEJOR CANCIÓN DE LA
HISTORIA!
Dos chicos andaban cerca de
allí y miraron a aquel borracho que parecía no estar en sus cabales, y le
reconocieron al instante. Uno de ellos tocó el hombro del otro y le señaló con
sorna al sujeto de su barrio en cuestión. Alberto miraba a la roca con la fe
inquebrantable de saber que aquello era lo que tenía que hacer. Los dos amigos
se rieron y siguieron su conversación, ignorándole.
─Me han traído el manga desde Japón y, ¡TE
HE DICHO QUE ES KAMISAMA! ─el viento invocado por el nombre del nuevo Dios
invadió el espacio y el ritual. Las palabras del chico quedaron ahogadas─.
Picolo y él son la misma perso…. ¡QUÉ OCURRE!
Del deseo de un hombre, de la
música de un genio y del nombre que le dieron, nació él. Un Dios de roca y
metal…
lunes, 24 de junio de 2013
DIOSES DE ROCA Y METAL
¿Qué es un
Dios?, es una pregunta limitada si la realizas precipitadamente y sin entender
toda su amplitud. Debemos preguntar, ¿por qué existen los Dioses?; y
responderemos para realizar nuestros deseos. Un dios sólo puede vivir si los humanos
le adoramos. Su subsistencia y fuerza está basada en la cantidad de personas que han depositado su fe en él. Cuanta
más gente le rece más fuerte se hará y todo dependerá de su habilidad para
complacernos. Un dios que no es capaz de llevar a cabo los deseos humanos será
abandonado y, al fin, desaparecerá de este mundo
Está es la
historia de uno de ellos. Diferente al resto y siempre dispuesto a ayudar.
Quizás no siempre en el resultado deseado, pero nadie podrá juzgar que su
dedicación siempre fue y ha sido total. Él fue creado en un pequeño parque de
una plaza de un pueblo de la comunidad de Madrid. Un lugar mágico donde los
estudiantes bebían, escuchaban música heavy, hacían el amor…
Muy cerca de un
manzano en una pequeña roca se encuentra su hogar. Durante años nació la
costumbre entre los alcohólicos estudiantes de pedir un deseo y firmarlo bebiendo un trago con sus litros de
cerveza, su kalimotxo o su botella de vodka del super de turno. Surgió un ser
con el pelo largo y blanco hasta la
cintura, sus ojos de un verde esmeralda invitaban a dejarse llevar hacia otro
mundo, vestía una cazadora de cuero y unos vaqueros rotos. Había sido creado
para complacer los deseos de nosotros
los borrachos…
miércoles, 5 de junio de 2013
LA MASACRE DE LA IGLESIA (LA SANGRE DE UN DISCÍPULO)
Si recordáis bien la semana
pasada estuve explicándoos como surgí en este mundo. El ver el asesinato en
masa de aquellos pobres condenados fue demasiado para el cerebro de Peñuelas.
¿Mi nombre?; podéis preguntaros. Mi mentor me llamaba Bulbo por la Bulbophillum nocturnum. Una orquídea que sólo se abre en
la oscuridad.
Cuando tuve el bastante
control para manejar el cien por cien de su cuerpo empecé a actuar. Yo no soy
cualquiera, yo abro los límites de lo que es real y lo que es imaginario. Mi
primera vez tenía que ser algo que llamará la atención de Fernando, yo ansiaba
conocer a aquel Dios que me había dado la vida, y empecé a pensar. Durante días
mi mente buscaba realizar el sacrificio para invocar al me había dado el soplo
vital, pero no hallé respuesta. Fue en cambio Peñuelas el que descubrió el
lugar; para el que no me haya seguido deberá saber que yo tengo la condición de
ver todo lo que mi huésped sienta por sus sentidos, y él entró por sus puertas.
Peñuelas, una tarde traspasó el umbral de una Iglesia. No una grande y lujosa,
si no una de barrio. Una edificación de los años 80, roja y chillona que da la
impresión de ser las puertas de un gimnasio hortera. Luego te topas con una
cruz y sabes que está en la casa del señor. El se sentó en los bancos de madera
y escuchó al viejo cura recitar sus plegarias y alabanzas al Todopoderoso. Tomó
más tarde la comunión mojándola en vino y se lo dio a los feligreses ardientes
de enseñanza divina. Fue el momento que llevaba días esperando una revelación y
fue el principio de la masacre…
Encontrar drogas en Madrid sí
que es sencillo. Pregunté a dos persona y al momento ya tenía un gramo de
cocaína, otro de cristal y un alucinógeno en una pequeña botella. No soy tonto
y aunque al principio intentó aprovecharse, le puso muy claro las cosas cuando
le puso un cuchillo en el cuelo y le dije que conmigo no se juega. Suave,
suave.
Ya tenía el veneno, sólo
necesitaba entrar en la iglesia, y fue por el día. Esperé tranquilamente a que
la sacristía estuviera vacía. Fue fácil forzarla, hasta un niño podría, y encontré
el vino de consagrar.
Decanté como sumiller, o podríamos
decir que lo oxigené, ¡Ja, ja, ja! No, hablando en serio mezclé con el vino mi
cóctel mortal, volví a dejar la botella en su lugar y esperé.
En la misa de primera hora de
la mañana yo estaba en el último banco y noté que alguien me tocaba en el
hombro. Al darme la vuelta sentí su presencia y supe que era él. Fernando me
cogió del brazo y sin decir palabras supe enseguida que tenía que seguirle.
Salimos de la Iglesia y nos quedamos a unos doscientos metros. Durante muchos
minutos mi vista no podía apartarse de él y volví a la realidad cuando las
ambulancias me confirmaron que el sacrificio de unos ancianos y un sacerdote
habían invocado a mi señor.
jueves, 30 de mayo de 2013
EN LAS AGUAS AZULES (LA SANGRE DE UN DISCÍPULO)
Yo reconozco que
antes de conocer a mi mentor, no tengo recuerdos de haber visto un enchufe por
dentro en mi vida y curiosamente nuestras almas se rozaron aquel día. Poseo
total libertad de conectarme a la vida de Peñuelas y no, nunca ha sido muy
mañoso. Mi otro yo, ese estúpido escritorcillo borracho y fumador, fue un día a
la piscina. A una de barrio por supuesto, no sea que se arruinará; tío roñoso.
Aunque, ese síndrome de me da igual todo en este caso me dio la vida. Yo nací
aquella gloriosa tarde de julio. No me voy adelantar, la emoción me excita. El
olor a quemado, estoy ahora mismo notándolo…
Disculpadme,
últimamente salgo poco, casi siempre estoy medio dormido en el cuerpo de este
maldito indeseable.
Fernando llevaba días
planeando este asesinato colectivo… él no lo diría así; es más como un rescate
de un dios. “Una exaltación de la gloría de su mano”.
La magia estaba en la
electricidad y de allí emanaría para
purificar sus almas. Peñuelas se distanció un poco del grupo en el que había
venido, no sé el porque y la verdad no me importa, pero por una vez hizo algo
útil. Vio a un hombre en bañador forzar la cerradura de una puerta metálica.
Fernando no se dio
cuenta, pero le habían visto entrar en el lugar donde se encontraba la
depuradora de la piscina, una muy antigua, y lo bastante grande para
electrocutar el agua. Empezó a hacer su trabajo. Peñuelas no huyó, si no que
observó como aquel tipo sacaba el enchufe y pelaba un cable amarillo y verde a
rayas, más tarde supe que era la toma de tierra; ya no saltarían los fusibles.
Volvió a poner el enchufe muy rápidamente, como si de un autómata se tratara y
se dirigió hacia el motor de la depuradora. Fue algo increíble, un plan
maestro. Con una armonía divina, esculpió su creación. Las cosas antiguas se
desgastan y los cables de un motor no son una excepción. Sólo hay que limar la
sección de dos, cortarlos con sumo cuidado, que parezca fortuito, hasta dejarlos
casi desunidos. La vibración del motor haría el resto. Peñuelas supo al
instante que era un saboteador, pero no dijo nada. Se fue pensando que no era asunto
suyo y se dirigió a la piscina, aunque por supuesto no se metió en el agua.
Fernando cerró la puerta metálica, su destinó ahora eran los vestuarios. Con un andar firme y
tranquilo se cambió y salió por la
puerta con una sonrisa en su boca.
No sabéis que día más
feliz, aquel hombrecillo se quedó mirando como la gente se bañaba a sabiendas
de que algo pasaba. Yo en su interior ardía en deseos de nacer, se estaba
filtrando mi vida poco a poco. Le poseí cuando los cables del motor cedieron.
Niños, mujeres y hombres se encendieron como arbólitos de navidad y el olor a
carne quemada se podía tocar. La gente gritaba espantada corriendo de un lado
para otro; pisándose entre sí. Mientras los cuerpos carbonizados se hundían en
las aguas azules.
domingo, 26 de mayo de 2013
ÚLTIMO CAPÍTULO DE JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS
Gatira y Vladimir aparecieron en un salón decorado enteramente de oro y plata. Había varias sillas y una mesa de cristal. Una puerta de color rojo y paredes con cuadros de colores abstractos.
─ ¿Dónde estamos? ─preguntó Gatira
─Dímelo tú, amor. Tú has sido la que nos has traído ─dijo Vladimir medio desnudo en el suelo y sin fuerzas casi para moverse.
La puerta se abrió y un viento cálido les dio de lleno. Éste empezó a materializarse delante de ellos y una mujer vestida con telas azules de seda, con el cabello moreno y una sonrisa afable les dijo.
─No ha sido ella, ha sido mi señor el que os ha convocado.
Gatira iba a desenfundar su espada cuando Vladimir la detuvo sujetando su mano.
─ ¿Quién es tu señor? ─preguntó con curiosidad
─Creo que lo adivinas, por eso la has detenido. El Señor de los Cuatro Elementos os recibirá en breve. Ahí, en ese armario podréis cambiaros de ropa. Me llamo Miriam y para cualquier cosa estoy a vuestra disposición.
Se iba a dar la vuelta cuando Gatira preguntó.
─ ¿Qué quiere de nosotros? ¿Somos sus prisioneros?
─Vuestras respuestas serán respondidas en breve. Por ahora consideraros sus invitados. Por cierto, este cuarto está protegido por la magia sería inútil por vuestra parte pretender escapar. Yo en vuestro lugar intentaría disfrutar de la hospitalidad que os brinda ─dicho esto salió por la puerta.
Vladimir se dirigió al armario y lo abrió. Había varios vestidos para ella y ropa para él, cogió uno y se empezó a desnudar.
─ ¿Qué haces Vladimir?
─De momento mi amor ─y la tomó de la mano─. Sigámosles el juego.
─Mira ─señalándola un vestido de encaje rojo─. Éste creo que conjunta con tus ojos ─Gatira le sonrió y le apretó su mano.
Jantaro y Amelia estaban medio desnudos en mitad de una calle asfaltada de una forma muy extraña. Grupos de gente con telas pintorescas se paraban para observar a los dos muchachos. Edificios de muchos pisos les rodeaban y había un ruido ensordecedor a su alrededor.
─ ¿Dónde estamos? ─preguntó Amelia
─No lo sé ─le respondió Jantaro muy confundido. A su lado una bestia de metal que iba a cuatro ruedas pasó a gran velocidad.
─No te separes de mí ─le dijo Jantaro alarmado.
Un anciano y una niña de la edad de ellos, vestidos con una tela naranja muy diferente a la del resto de los humanos que les miraban; se dirigieron a ellos.
─ Tú debes de ser Jantaro. Yo soy Jalón y ella es mi discípula Soraya. Era amigo de Kyon; tu maestro. He notado vuestra presencia y me he trasportado para venir a buscaros ─de repente los dos chicos se agacharon cuando una especie de colibrí gigante pasó por encima de ellos.
─Es sólo un helicóptero ─dijo la chica graciosa.
─ ¡Calla! Ellos no están acostumbrados a los artefactos humanos. Son de otra realidad.
Jantaro le observó bien y vio un cierto parecido con su maestro.
─ ¿Ha dicho que conocía a Kyon?
─Sí, es cierto. Él y yo tuvimos al mismo maestro. Él os ha traído aquí a través de tu bastón ─Jantaro lo observó con cuidado─. Él ya me dijo que un día vendrías. Te he estado esperando. Hablemos en otro sitio, puede venir la policía. No estáis muy aceptables así vestidos.
Amelia tenía roto el camisón e iba medio desnuda mientras a Jantaro sólo le quedaba un calzón blanco.
─ ¿Qué es un policía? ─preguntó Amelia
El abuelo la miró y sonrió.
─Las preguntas luego. Ahora salgamos de aquí. Seguidme.
Fueron hacia un callejón mientras los transeúntes les miraban hasta que estuvieron solos y desaparecieron.
……………
Garot estaba en presencia del Señor del Inframundo.
─Mi amo. El Señor de los Shinigamis ha muerto.
Éste estaba sentado en su trono jugando con la calavera de un ser que en nada parecía humano. Era alargada y tenía colmillos.
─Excelente trabajo. Primera parte concluida. El trono de regencia está más cerca ─ dijo mientras la daba vueltas con un dedo.
Garot inquieto no pudo resistirlo más y preguntó a su amo no con cierto temor a su reacción.
─ ¿Por qué confías tanto en Astel?
El Señor del Inframundo movió una mano y una pared se desplazó lentamente hacia un lado; apareciendo poco a poco un humano viejo, con barba, y encadenado a la pared por las muñecas. Estaba medio desnudo con el torso al aire y señales de látigazos cubrían su espalda.
─Porque yo tengo algo que él quiere. Te presento al conde Rupert Sartas. El Padre de Vladimir.
FIN
jueves, 23 de mayo de 2013
JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (última parte)
La Fusión del Haborym había
desaparecido. Y el gato, la serpiente y el niño estaban inconscientes en el
suelo. Amelia también tumbada, había recibido el otro rayo en el pecho y
sangraba copiosamente. Jantaro corrió a su lado cuando se percató y se agachó,
pero Amelia se tocó dónde estaba la herida y se dio cuenta que había
cicatrizado casi de inmediato. Ayudada por Jantaro que la sujetaba, la levantó.
─ Eso no es posible ─la cara del Señor de
los Shinigamis y del propio Jantaro lo decía todo. Retir, oculto como sólo él
era capaz, sonreía sabedor de que el elixir había hecho efecto y que tanto él
como Amelia ahora eran inmortales. No se descubrió, esperando el momento
preciso. La sincronización debía ser perfecta.
Gatira sacó de nuevo su
espada, igual que antes cuando paró a las arañas e intentó ralentizar el
tiempo.
─Tú eres la más débil. No eres ni
interesante ─dijo con despreció, pero Vladimir se transformó en Astel al ver
que habían insultado a su amada y surgió tras él. La energía roja chocó con la
azul, que empezó a devorarla y Astel salió disparado hacia una columna
rompiéndola. Gatira corrió hacia Vladimir convertido en demonio y notó que no
sentía repugnancia, sino que bajo aquel aspecto seguía siendo su Conde. Le
cogió de la muñeca y le acarició con ternura la palma de su mano.
─ ¿Estás bien Vladimir? ─le preguntó con
preocupación.
Su voz poco había cambiado y
se incorporó del suelo.
─ Jantaro y yo debemos unir los cuerpos para poder controlar la espada, pero ese
bastardo no nos va a dejar.
Geret estaba a su lado
invisible y apareció.
─Déjamelo, creo que podré distraerle el
tiempo necesario.
Se concentró y declamó un
conjuro en voz alta.
─Tú y yo somos uno. Hermano de Sangre ven
a mí en tu destierro y que nuestras almas vuelvan a sentir el placer de ver el
miedo que antaño fue de nuestros enemigos.
A su lado un viento envolvió
a una forma. El Yory, su hermano, había aparecido.
─ ¡Venga Geret quiero machacarle y comerme su órganos! ─dijo el
Yori cuando estuvo enfrente del Señor de los Shinigamis. Jantaro vio aquel
espíritu y recordó la masacre del pueblo y un miedo atenazó su alma, pero se
despertó cuando Vladimir fue a su lado y
le dijo como y porque había aparecido.
─Vamos a unirnos ─dijo Jantaro convencido.
─Concéntrate, dame la mano y ponte a mi
nivel de energía. Mantenlo, y después visualiza nuestra unión en tu mente.
El Señor de los Shinigamis
no iba a permitir que aquellos dos hicieran una fusión de almas. Esa fue su
primera reacción, lo que él no preveía era que los dos espíritus le atacaran
sin avisar por los dos lados. Las cuchillas de aquellos seres encorvados eran
paradas por el escudo azul que le envolvía. El viento se llevó los cuerpos del
mayordomo muerto y de Alasthor. Amelia, muy fatigada transformada en humana
sujetaba como podía a Bo que estaba
inconsciente, pero las serpientes y el niño también rodaron por la sala.
El Señor de los Shinigamis
sujetó por el cuello al Yory y cuando Geret lo vio, concentró todo su Ki para
herirle en el brazo que lo sujetaba y así liberar a su hermano que reía como un
poseso. Estaba verdaderamente disfrutando de la pelea.
Jantaro y Vladimir ya estaban
al mismo nivel de energía. El Señor de los Shinigamis se dio cuenta y aumentó
su poder. Los dos hermanos fueron engullidos por un vórtice que producían las garras
del Señor de los Shinigamis y les trasportó a un vacío, despareciendo de la
sala. Cuando se había librado de aquellos dos, fue a por el demonio y a por el
hijo del Señor de Larimar. Gatira hizo un movimiento desesperado al ir a por él
con su espada, pero sólo pudo darles un par de segundos al ser golpeada por la
energía de éste en el vientre. Salió despedida en la dirección de Amelia, que
la atrapó en el aire. Bo se despertó y usó su cuerpo para protegerlas del golpe
contra el suelo.
─ ¿Bo, estás bien? ─preguntó Amelia.
El gato no contestaba sino
que observaba la trasformación que habían realizado con éxito Jantaro y
Vladimir. Era un ser parcialmente rojo, con alas negras que emitían descargas
eléctricas que le envolvían como un campo de fuerza. Su rostro era una curiosa
simbiosis de los dos. Aunque sus ojos grises irradiaban miedo el resto era
afable y humano. El Señor de los Shinigamis había llegado tarde y recibió una
estocada rápida y precisa de Ilander en su hombro. Éste, se hecho hacia atrás
asustado porque su defensa había fallado y un ataque de furia golpeó todo su
cuerpo. Alzó las garras y empezó a invocar las almas que estaban prisioneras de
los humanos que sus más devotos
seguidores habían reunido para él en las distintas realidades.
.............
Clarent y Rudyt se
encontraban en las puertas del castillo luchando contra la guardia tal como
Alasthor les había ordenado, De repente, uno de los torreones explotó y miles
de almas blancas acudieron al centro del castillo, derritiendo la piedra para
hacer un agujero para entrar. El espectáculo de poder hizo detenerse a Paris
que ya estaba llegando con su ejército. Elian los vio y ordenó sabiamente a sus
tropas la retirada. Clarent se negaba a moverse y abogaba por ir a ayudar a Alasthor,
pero Rudyt le convenció al fin, de que su media hora había expirado hacía mucho
tiempo y fueron a ocultarse en el bosque. Paris estaba demasiado atento y
maravillado con lo que estaba viendo para dar ninguna orden de perseguirlos.
El techo se desplomó en la
sala y las almas se introdujeron en el cuerpo del Señor de los Shinigamis.
Irradiaba una luz blanca que derretía todo a su alrededor.
Bo cogió a las dos mujeres y se las llevó lejos de aquel horrible
shinigami que había quebrantado la más básica ley de sus ancestros. La
serpiente y el niño ya despiertos, fueron a su encuentro y las rodearon para
protegerlas. Amelia se agachó en el suelo y recogió el bastón de Jantaro
que antes había caído y se encontraba a pocos metros de ella.
El Señor de los Shinigamis alzó una garra y las ondas producidas por
su movimiento tiraron al suelo a la fusión de Vladimir y Jantaro.
─Sigues de una pieza. Eres
fuerte, pero a mi lado sólo eres una débil cucaracha a la que voy a pisotear ─dijo
mientras éste se levantaba del suelo con dificultad con el cuerpo magullado.
Una voz se oyó en un lado
apartado de la habitación. Era Retir,
que estaba encima de un doble pentagrama que había dibujado lentamente y con
cuidado para que no notaran su presencia.
─ ¡Cuando quede preso de mi hechizo cortadle
la cabeza! ─y empezó a recitar concentrando todo su poder.
─ ¡Faradar
yo te ato por tu nombre a tu alma! ¡FARADAR POR LOS DIOSES ANCESTROS TE
SELLO! ¡FARADAR TU NOMBRE ES MÍO Y CONTROLO TU ESPÍRITU! ─se oía repetir una
y otra vez por su boca. El Señor de los
Shinigamis empezó a notar que perdía el control de su cuerpo.
─ ¡RATA, ALIMAÑA, ME HAS TRAICIONADO! ─gritaba
poseído de rabia, aunque Retir continuaba sin detenerse.
La unión de los dos se concentró en dirigir todo su poder a Ilander.
La espada brillaba de tal forma que Gatira y Amelia no podían fijar la mirada
en ella. El Señor de los Shinigamis no se podía mover e intentaba con todas sus
fuerzas liberarse del conjuro de Retir. La espada milenaria con un corte rápido
decapitó al Shinigami que durante diez mil años había regido aquel mundo sin
que nadie pudiera hacer nada. Su cuerpo se convulsionó y miles de almas
escaparon de él, destrozandolo todo. El castillo se iba a derrumbar. Jantaro y
Vladimir se separaron casi sin fuerzas
ya convertidos los dos en humanos. Amelia y Gatira corrieron hacia su
correspondiente pareja mientras la tierra se quebraba a sus pies y todo a su
alrededor se derrumbaba.
─Tenemos que salir de aquí ─dijo Vladimir
a Gatira, que sacó el bastón que el señor de Larimar le había dado en su
palacio tiempo atrás. Jantaro recibió el suyo de Amelia y los cuatro se miraron
antes de desaparecer. Amelia echó un último vistazo y vio a Bo, supo al
instante que estaría bien y que no la necesitaban para regresar a su dimensión.
Una explosión atroz sacudió el castillo sin dejar rastro de el.
lunes, 20 de mayo de 2013
JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (tercera parte), Literatura fantástica gratis
La habitación se estremeció
y aparecieron cientos de arañas gigantes. Medían un metro y eran negras como el
alma de su señor. Atacaron al Haborym con un líquido verde que salía de sus
bocas. Éste corrosivo estaba haciendo heridas en sus patas produciendo que
perdiera el equilibrio. Amelia no lo estaba pasando mejor, intentaba evitar a
los arácnidos envolviendo su cuerpo con llamas, pero eran ignífugas. Un viento,
afilado como cuchillas atravesó el cuerpo de los espíritus que estaban
acorralando a Amelia. Mientras que las que atacaban al Haboryn se paralizaron
parcialmente dándo la oportunidad al espíritu de la chica de aplastarlas de
cuatro en cuatro.
Geret, el espíritu de
Jantaro estaba a su lado encorvado como siempre. No le quitaba ojo a una bestia
de metal que se había conseguido levantar del suelo. Geret empujó a Amelia y
desapareció de su vista para resurgir encima de la cabeza del gigante, afilando
sus manos contra su cabeza. Las chispas envolvían su cuerpo mientras torpemente
intentaba derribar al intruso que se le había colocado de sombrero.
─Baja insecto ─pero no conseguía
alcanzarlo.
Al fin el plan de Geret
funcionó. Los ojos de aquel espíritu, su única parte vulnerable se cegaron
debido a las chispas producidas por las cuchillas.
─ ¡Ahora Jantaro! ─le gritó Geret.
Éste miró al Harobyn que
comprendió al instante al leer sus pensamientos. La serpiente le cogió con la
boca y le lanzó hacia aquel monstruo que daba bandazos retorciéndose de dolor.
Con Ilander en sus manos, concentró su Ki y la espada se iluminó. Con extrema
habilidad le cortó la cabeza de un solo golpe. El espíritu del gigante de metal
desapareció y Jantaro, ya en el suelo corrió hacia Amelia para abrazarla. Los
dos se juntaron en aquella batalla y todos sus problemas desaparecieron durante
unos segundos mientras estaban entrelazados. Su discusión había sido olvidada y
la felicidad inundaba sus cuerpos por haberse encontrado una vez más. No
tuvieron tiempo para hablar, pues volvieron a la realidad cuando el Señor de
los Shinigamis empezó a reírse.
─ ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya poder tiene la
espada! Pero habéis cometido un error.
─ ¿Qué pasa discípulo? ¿Es ese el poder del
que tanto presumías? ¿El famoso Ki del vacío? ¿Convocar arañitas peludas? ─dijo
Bo mientras le sacaba la lengua.
─No,
eso era una distracción para poder reunir el poder. No es fácil. Debisteis
atacarme a mí en vez de a mis espíritus.
Una energía azul le envolvía desde la cabeza
hasta las garras de los pies, que desprendían rayos y que pulverizaban el
cristal que pisaban. Era una imagen escalofriante y un frío aterrador inundo la
sala. Dos relámpagos iluminaron la habitación y fueron a dar donde no había
nadie. O eso es lo que parecía.
─ Astel; ¿crees que puedes engañarme a mí,
al Señor de los Shinigamis con una burda ilusión?...
jueves, 16 de mayo de 2013
JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (segunda parte), Literatura fantástica gratis
Jantaro, Vladimir y Gatira todavía seguían en la habitación ocultos,
recobrándose después de sus luchas con los soldados de la guardia del Señor de
los Shinigamis.Varias patrullas habían pasado cerca de ellos buscándolos, pero
gracias a la ilusión proyectada por Vladimir habían pasado de largo. De repente,Jantaro
escuchó a shinigamis correr más rápido que antes y voces que decían que el
ejército del hijo de Jawet estaba a las puertas del castillo.
─Es nuestra oportunidad ─dijo Jantaro.
─Sí, es hora de movernos. Hemos hecho bien
al quedarnos aquí. Vosotros dos estabais muy débiles ─Gatira afirmó con rotundidad dándole la razón a
Vladimir mientras desaparecía la ilusión. Ahora podían ser vistos.
─Silencio; id cada uno detrás del otro
─dijo Vladimir y los tres le siguieron en silencio por un pasillo.
Anduvieron varios minutos
sin encontrar resistencia. Parecía que Alasthor estaba haciendo bien su trabajo
de distracción, tenían que ahorrar energías por si se encontraban con el Señor
de los Shinigamis. Jantaro buscaba algún signo de Amelia, aunque todavía no la
percibía. En ese instante se oyó un ruido ensordecedor y la fuerza vital de
ella creció hasta su máximo poder. Jantaro apremió a sus compañeros.
─ ¡Rápido es por aquí! ¡Seguidme! ─y
subieron corriendo por unas escaleras al piso superior.
………………………
Amelia se encontraba en la sala más extraña
que había visto en su vida. Tenía una gran altura y era muy grande, el suelo
era un cristal gigantesco repleto de signos en una lengua para ella
desconocida. El mayordomo personal del Señor de los Shinigamis; Menfist, la
puso debajo de una estrella de doce puntas con los doce signos zodiacales
pintados de color rojo. Amelia pensaba que ya había fingido demasiado y se iba
a trasformar, cuando, de repente, una puerta que ella no había visto se abrió y
surgió la figura escalofriante del Señor de los Shinigamis.
─ ¿Está todo preparado? ─preguntó
─Sí mi amo ─respondió Menfist haciéndole
una reverencia.
─Bien, traedlo entonces.
Dio la orden a los dos
mismos soldados, que trajeron el cuerpo atado de Alasthor por los pies y por
las manos. Lo tiraron al suelo sin ninguna delicadeza y salieron de la
habitación. Amelia al verlo intentó ir a su lado, pero Menfist se lo impidió
agarrándola de la muñeca.
─ ¡Papá! ¿Estás bien? ─le dijo a cierta
distancia
─ ¡Si hija, tú no te preocupes! ¡Te
salvaremos!
─Que enternecedor ─dijo con jactancia el
Señor de los Shinigamis. Pero pronto cambió de expresión cuando Amelia se
transformó en un shinigami.
─ ¡Esto no es posible! El brazalete no se
puede inutilizar a no ser que mueras.
En la mano de Amelia se formó una campana, la tocó y el espíritu
Haboryn apareció en su forma completa. Con la tres cabezas en un cuerpo blanco,
con cuatro patas y cola de dinosaurio.
─Mirad hermanos, quien está
ahí ─señaló el gato
─Es nuestro antiguo
discípulo ─dijo la serpiente.
─Vamos a darle nuestra
última lección ─se jactó el niño.
Un fuego rojo salió de sus
bocas en dirección al Señor de los Shinigamis. Éste invocó a un ser de casi
cuatro metros formado de hierro forjado que recubría todo su cuerpo. Éste
se interpuso entre las llamas y su amo.
La habitación retumbó.
Bo sonrió y saludo a la
bestia que había sido llamada.
─ Cuánto tiempo Kreler ¿Todavía sigues a
las órdenes de este traidor?
─Bo. Me alegro verte. Todavía no has aprendido
la lección después de la paliza que te di en aquel río hace diez mil años ─una voz ronca salió de su garganta y dio un
puñetazo al Haborym, pero éste lo esquivó y con su cola derribó a aquella
bestia de metal tirándola al suelo.
Amelia intentaba acercarse a
su padre para liberarle pero un ser parecido a un perro, pero con colmillos de
sable en su boca, se interpuso en su camino. Amelia miró a su alrededor y vio
que había sido invocado por el mayordomo. En ese un momento un dragón negro
decapitó a Menfist de un mordisco, haciendo desaparecer a su espíritu. Alasthor
corrió hacia su hija.
─ ¿Te encuentras bien? ─la preguntó con
preocupación.
─Sí padre. ¿Cómo te has
liberado?
─No lo sé. De repente noté
que un aire frío pasaba a mi lado y las ataduras se rompieron.
Garot se ocultaba en la sombras indetectable para los que allí se
encontraban. No había liberado a Alasthor porque él quisiera, sino porque tenía
órdenes del Señor del Inframundo.
El Señor de los Shinigamis estaba lleno de rabia. Su espíritu,Kreler,
estaba en el suelo y no se podía levantar debido a su gran peso, ademásAlasthor
se había liberado. Se concentró y unas mujeres con el pelo rojo aparecieron en
la sala.
Llevaban vestidos de tela blanca y sus ojos eran de color negro. Al
instante desplegaron dos alasde murciélago y una uñas como estacas les
crecieron. Se pusieron a volar. Dos atacaron al Haborym, mientras que la
tercera destruyó con un solo golpe al dragón de Alasthor. Después fue a por
Amelia, y en el instante en que iba a atacarla,Alasthor se interpuso en su
camino quedando ensartado entre la criatura aérea y su hija. La mujer alada fue
golpeada por la cabeza de la serpiente que ya se había liberado de las otras
dos, tirándola al suelo y desapareciendo.Alasthor estaba en el suelo junto
Amelia, que lloraba mientras intentaba tapar la herida con sus garras.
─Papá. No te mueras por favor.
─Lo siento hija mía. Siento de verdad
haberte metido en esto. Tú eras tan inocente y feliz con tu madre… ─en ese
instante empezó a toser sangre─. Sabes, tú nunca has estado sola. Yo siempre te
vigilaba para que nada malo te ocurriese.
─Papá, no te vayas. Vuelve conmigo, junto
a mamá.
─ ¿Tú madre? ¿Sabes?, me enamoré de ella.
Creó que todavía la quiero, me costó mucho dejaros a las dos.
Seguía tosiendo y surgieron
las convulsiones, sin embargo, una sonrisa apareció en su cara.
─ ¿Quieres saber por qué nunca te enseñé a
aparecer después de trasformada con tus ropas intactas? ─Amelia no contestó.
Ella lloraba y sus lágrimas caían sobre el cuerpo de su padre─. Porque eso te
hace consumir un poco de tu Ki interior y yo quería que lo tuvieras todo para
que no te pasara nada. Cuando dijo la última palabra exhaló su último suspiro.
─ ¡Noooo! ¡Padre! ─Amelia se levantó y
miró con odio al Señor de los Shinigamis. Aquella criatura horrible le había
arrebatado todo. Su vida tranquila junto a su madre y ahora a su padre, que
empezaba a querer. Concentró su energía y su cuerpo empezó a irradiar calor. El
Haborym brillaba y un haz blanco surgió
de sus cabezas hacia el Señor de los Shinigamis. Éste se concentró en su Ki. Y
una barrera de energía le protegió.
─¿Crees sucio engendro que
en diez mil años mis poderes no iban a crecer? Mientras tanto los tuyos son
iguales. Ahora controló el Ki del vacío, el más poderoso de todos. Puedo crear
energía de la nada. Te lo demostraré.
jueves, 9 de mayo de 2013
JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (primera parte)
Amelia meditaba como librarse
del brazalete con forma de serpiente en su celda, dentro del castillo del Señor
de los Shinigamis.
Su concentración era máxima ya que el tiempo que le quedaba expiraba
en unas horas. Pronto vendrían a por ella y si para entonces no había
controlado su Ki para ponerlo a cero, sus poderes y su vida acabarían para
siempre. Su nerviosismo no era de ayuda en aquel momento. Intentó relajarse y
visualizó su energía roja. Ya se había dado cuenta que ésta, aunque mermaba a
la voluntad de ella, seguía estando presente. No entendía cómo podía hacer
desaparecer algo que estaba ligado a su fuerza vital. Se levantó del suelo con
las piernas entumecidas y caminó por su celda intentando desconectar de su
problema. Pensó en su madre, que estaría seguramente tejiendo como una loca.
Ella siempre hacía tareas de forma mecánica y compulsiva cuando estaba
nerviosa. Sin duda debía llevar ya una alfombra hecha. Una sonrisa se dibujó en
su cara cuando se la imaginó. No podía dejarla sola. Estaba claro que no
servirían métodos comunes y, ese pensamiento, le hizo recordar a un viejo
chalado que conoció hace años. Residía en una cabaña cochambrosa a las afueras
de un pueblo donde vivieron ella y su madre hasta que se mudaron donde conoció
a Jantaro. Ella sintió lastima por aquel hombre que todo el mundo rechazaba.
Vivía solo y su alimentación dejaba mucho que desear, así que Amelia le llevaba a escondidas lo que
podía afanar de comida en su casa. Aunque él se creía un gran científico, algunos
rumores decían que se volvió loco por algún experimento que le explotó en las
narices. Un día en que Amelia le visitó, éste le habló del fuego. Él afirmaba
que se alimentaba y sobrevivía gracias al aire, por lo cual le dijo
textualmente: “Si consiguiéramos ahogarlo con una explosión y ésta consumiera
el viento del alrededor, las llamas se
extinguirían”. Por supuesto Amelia escuchaba por lastima y no porque creyera en
él. En verdad ni le interesaban los delirios de ese hombre trastornado. Pero
aquel viejo sólo deseaba que lo escuchasen y a ella eso siempre se le había
dado bien. Estaba tan desesperada que se agarró a un clavo ardiendo. Volvió
a sentarse en el suelo y se concentró.
Dividió en dos su Ki y en uno de ellos intensificó su energía lo máximo que
podía. El color cambió a un rojo muy intenso. Empezó a moverlo dentro de la
figura geométrica haciendo que rozará una y otra vez consigo mismo, hasta que
explotó en su interior cayendo ella desmayada. Cuando abrió los ojos miró
rápidamente su muñeca buscando el brazalete. Éste estaba en el suelo junto a
ella. Lo había conseguido. La energía al estallar había consumido a la otra y
durante un segundo había desaparecido
totalmente. Era libre al fin, aunque su alegría duro poco, el mayordomo del
Señor de los Shinigamis abrió la puerta de la celda. Ella, rápida, se guardó el
brazalete en un bolsillo de su camisón pues todavía lo llevaba de cuando Retir la
había secuestrado durmiendo en su cama. No era el momento, decidió, y siguió a
aquel viejo shinigami sin que el otro se diera cuenta de que ella ya podía usar
sus poderes.
Puertas del Castillo del señor de los Shinigamis.
Alasthor ya había llegado al castillo. Con sus cien hombres estaba
intentando tomarlo, pero la resistencia
era feroz por parte de su enemigo. La guardia había cerrado las puertas y se
habían atrincherado en el interior. Arrojaban un tipo de líquido ardiendo al
foso que derretía a los espíritus cuando intentaban escalarlo y Alasthor miraba
preocupado la escena, sabedor de que un asedio prolongado sería el final para
su hija. El plazo de los tres días que necesitaba el Señor de los Shinigamis
para extraer sus poderes estaba ya casi en su límite. Rudyt se acercó a él con
un shinigami a su lado.
─Mi comandante, este soldado pertenecía a
la guardia del Señor de los Shinigamis antes de unirse a nuestra causa. Conoce
un pasadizo que conecta el bosque con el castillo.
Alasthor observó a aquel
soldado bajo y regordete y sin contemplaciones preguntó delante de él a Rudyt.
─ ¿Es de fiar o nos llevará a una trampa?
─Es de mi pueblo, fue reclutado a la
fuerza hace años. Se llama Filver y tanto su familia como la mía están muertas
por causa de ese tirano sin sentimientos.
Alasthor afirmó con la
cabeza confiando en Rudyt y llamó a Elian y Clarent. Los cinco se reunieron
mientras sus tropas seguían intentando entrar con sus espíritus de lucha.
─Vosotros tres ─dirigiéndose a sus
sargentos─. Os quedaréis aquí distrayendo al enemigo mientras yo y Filver
entramos por el pasadizo ─señalando al shinigami.
─ ¿Tú solo? Deja que te acompañemos ─dijo
Clarent nervioso mientras su antiguo sargento le echaba una mirada inquisitiva.
Éste se dio cuenta y avergonzado se disculpó─. Perdonadme comandante.
Alasthor sonrió y prosiguió.
─Estaréis sólo treinta minutos
asediándolos para que todo soldado de ellos este aquí intentando evitar que
toméis su castillo. Eso nos dará más facilidades a mí y a los amigos de mi hija
que seguramente estén dentro para
rescatarla. Recordad, media hora y huiréis. No sabemos si mi padre ha ganado la
batalla. En el caso de haberla perdido os encontraréis en serios problemas si
el ejército de Kalmin aparece por aquella ladera.
Todos guardaron silencio,
pero Clarent, con la cabeza agachada no pudo contenerse.
─ ¿Cómo saldréis sin nuestra ayuda?
Alasthor le miró y notó una
ola de simpatía hacia aquel sargento.
─Puedo hacerlo de tres formas distintas.
La primera con la ayuda de Retir que está con ellos dentro. Tiene un amuleto de
shinigami. El segundo, junto a Vladimir al ser un demonio no se rige igual,
puede aparecer y desaparecer a su antojo. Tercera,
si derrotamos al Señor de los Shinigamis el sello de Jantaro se romperá y él
tampoco está sujeto a nuestras mismas leyes físicas al ser un humano inmortal.
De todos modos, siempre puedo volver por el mismo camino por el que voy a
entrar.
Elian tomo la mano de Alasthor y se la besó
arrodillándose.
─Buena suerte, mi general ─lo dijo con
orgullo y fe ciega. Los dos amigos hicieron lo mismo. Alasthor sabiendo la
suerte que tenía al contar con aquellos shinigamis esperó volver a encontrarse
con ellos. Miró a Filver y dijo.
─Vamos amigo, guíame hacia el castillo.
Entraron por un antiguo
túnel de ventilación. Estaba oscuro y olía a cerrado. Su guía parecía conocer
el camino al dedillo. En ese instante, se oyeron unas voces y detrás de ellos
surgieron dos soldados enemigos transformados, que portaban unas lanzas. Alasthor
iba a cambiar de estado cuando unas cuerdas aparecieron enrollándose en su
cuerpo. Éstos le ataron de pies y manos obligándole a caer en el barro que
había acumulado en el suelo del túnel.
─ Mi querido amigo. Te estaba esperando.
Una sombra tomó forma cuando
el Señor de los Shinigamis apareció delante de él.
─Alasthor, el último de una estirpe. Tu
padre ha muerto y pronto acompañaras en el último viaje a tu hija.
Si Jawet había caído,
la batalla se había perdido. Sus hombres estaban en peligro. Intentó
moverse desesperadamente, pero aquellas sogas le apretaban cada vez más.
─Cuanto más te muevas, más se ajustarán
las cuerdas a tu cuerpo. Es un juguete
del mundo mágico. Ahora matadle ─ordenó a sus shinigamis.
Uno de los soldados de su
guardia atravesó el pecho con su lanza a Filver. Éste entre terribles dolores,
agonizando. preguntó.
─ ¿Por qué? ¿Y mi familia?
─Los tuyos ya están muertos. Únete a
ellos. Eras un buen espía, aunque no
soportó a la gente que se deja engañar tan fácilmente ─y el Señor de los
Shinigamis escupió sobre su cuerpo sin vida─. Miró a Alasthor que horrorizado
observaba la escena y le sonrió.
─Tú no te preocupes, morirás antes de lo
que piensas. Primero quiero que veas como le absorbo los poderes a tu hija y
luego me como su corazón para sellar el conjuro.
Los dos soldados cargaron el
cuerpo maniatado de Alasthor, que temblaba más por Amelia que por su vida.
martes, 7 de mayo de 2013
LA SANGRE DE UN DISCÍPULO (MUERTE POSCOITO)
Mi mentor no
sólo era un hábil estratega, si no también un profundo sentimental. Su mente
analítica buscaba una forma de intervenir desde el exterior; es decir,
conseguir con su ayuda divina que un hombre asesinara a la mujer que más ama.
Sí, es bello; ya lo sé.
Parece que estoy
relatando un episodio de Misión Imposible. Fijaros:
Objetivos:
Mujeres con
pareja y alérgicas a la penicilina.
Como llegar a
ellas:
Entrada en el
ordenador de una clínica especializada en alergias, acceso a medicamentos y una
forma de entrar en sus casas.
Como lo hizo:
Fernando era un
hombre atractivo y no sólo por su gran inteligencia. Los cánones de belleza
establecidos socialmente lo aprobaban como un hombre guapo. La vida sexual de
mi mentor hasta la fecha habían sido encuentros esporádicos con cientos de mujeres
y sabía perfectamente aprovecharse de sus virtudes. ¡Que ilusa fue aquella
pobre dependienta de farmacia! La muy tonta se enamoró de él y la chantajeaba
emocionalmente. Ella, que era mirada fingidamente por Fernando como alguien
especial, no podía negarle nada, y así fue.
Por otro lado
buscó una clínica en un barrio alejado y fácil de asaltar. Una noche se coló
por una de las ventanas y entró en el ordenador del centro. La clave fue fácil,
era el mismo nombre de la clínica. No se comieron mucho la cabeza; la verdad.
Anotó el nombre de las mujeres con trastornos más graves a la penicilina en un
papel, cerró el ordenador y salió por la misma ventana que entró. Las investigó
y redujo a tres parejas con edades comprendidas entre veinte y sesenta años.
Con una planificación de meses, ya sabía el horario de aquellas mujeres que
iban a ser exterminadas.
Os relataré la
historia de una de ellas:
Luis Flores
trabaja por las noches de vigilante mientras que Ana Hurtado, su pareja, era
profesora de instituto. Mientras ella daba clase, él dormía. Fernando con su
maestría se coló en la casa de la feliz pareja y gracias a su amante
farmacéutica tenía el medicamento del que ella era mortalmente alérgica. Mi
mentor era un genio, ya os lo he dicho. Lo fácil hubiera sido inyectarle la
penicilina directamente a ella, pero os he mencionado al principio que era un
sentimental. Le colocó un pañuelo en la cara con cloroformo y se la inyectó a
él mientras dormía. Una cantidad abusiva de penicilina fue introducida en el
cuerpo de Luis Flores. Ahora sólo tocaba esperar.
Luis se levantó
con la garganta seca y con dolor de cabeza. Se duchó para espabilarse y se fue
como si nada a su trabajo. Cuando regresó se encontró con Ana esperándole desnuda.
Lo dos cuerpos se juntaron. Ana besaba compulsivamente el pecho de su amante
mientras que él la acariciaba su bajo vientre. Los gemidos de ella inundaban la
habitación, ni tiempo tuvieron para ponerse un condón. La protección es lo
primero, ¿no os lo enseñaros cuándo erais niños? Después de diez minutos de
placer y acometidas, Luis descargó. Los dos a la vez tuvieron un orgasmo y se
miraron con pasión. A las tres horas Ana empezó a tener convulsiones, estaba teniendo un ataque de alergia. Su cara
se tornó roja e hinchada como un melón y
Luis, el pobre, sólo pudo sujetar su mano mientras ella fenecía en la más
profunda ignorancia.
lunes, 6 de mayo de 2013
JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 17 (tercera parte)
Batalla del río de la las
almas perdidas.
─Mi general; Jawet viene hacia nosotros.
Paris se acercó a Kalmin que
iba a la cabeza de sus dos mil shinigamis. Se paró en seco y la formación hizo
lo propio detrás de él. Con un gesto miró a su criado y éste sacó un mapa de su
cartera. Se lo entregó y el general lo abrió. Paris le señaló en él la
situación del otro ejército. Estaban a unos diez kilómetros.
─ ¿Cuántos son? ─preguntó a su sobrino.
─Son más de mil, aunque nuestros espías en
su campamento nos han informado que doscientos han ido a encontrarse con
vuestro hijo.
─Será fácil para Sandos vencer ese
desesperado movimiento de ese viejo. Pronto se reunirá con nosotros.
En el mapa comenzó a
recorrer la distancia entre sus dos ejércitos observando cual sería el lugar
más ventajoso para él. Sonrió con malicia y se paró en un pequeño río. Paris lo
reconoció y dijo.
─ ¿El río de las almas perdidas?
─Exacto. En esta época del año no lleva
apenas caudal. Lo cruzaremos para no quedarnos en medio.
─Mi señor, si lo tenemos en retaguardia no
sería un obstáculo en caso de retirada.
El general levantó la cabeza
del mapa y con un orgullo desmedido increpó a su sobrino.
─Nuestro ejército no se retira. No somos
un grupo de cobardes. Vencemos o morimos. Sin excepción.
Paris se sintió un poco
despreciado por su tío. Le miró fijamente, aguantando las insinuaciones a su
coraje.
─ ¡En Marcha! ¡Vamos a la guerra! ─dijo
esto chillando para que sus shinigamis le oyeran y estos le correspondieron con
un grito al unísono
─ ¡AAAAAAA!
Mientras tanto, Jawet iba en
dirección al enemigo. Su cabeza daba vueltas a la jugada del General Kalmin
convenciéndose a si mismo que aquél inútil tenía que tener muy buenos oficiales
que le habían aconsejados seguirle por la puerta sur. Estaba muy claro para él
que la idea no había sido suya.
Apresuró a sus tropas para
que llegaran lo antes posible al río de las Almas Perdidas. Quería que la
batalla fuera en medio. Eso les daría ventaja contra su inferioridad numérica.
Kalmin llegó al río y ordenó cruzarlo rápidamente. Paris no dijo nada
pues él ya había mandado vigías por su cuenta que le habían informado que
aunque Jawet había acelerado del paso de sus tropas todavía estaban a varios
kilómetros. Les daría a tiempo a pasarlo sin complicaciones. El caudal como
dijo el general estaba muy bajo y las tropas lo cruzaron sin esfuerzo, aunque
había barro en las orillas producido por las lluvias de la semana pasada. Si
por un casual perdían la batalla sería una carnicería. Aquello era una trampa
mortal. También entendía que eso haría que sus tropas no pensaran en la huida
como una solución. Era arriesgado, pero era vencer o morir. Así era el General,
no había medias tintas con él.
Al cabo de media hora los shinigamis habían pasado y estaban en
formación esperando a Jawet. Kalmin ordenó que dieran agua a sus soldados. El
calor era insoportable. Se comería al final de la batalla. Si ganaban, claro.
Jawet vio a lo lejos las formaciones de combate del Ejército Regular
de los shinigamis y se impresionó, aunque no quiso exteriorizar sus sentimientos.
Sabía perfectamente que estaba siendo observado en todo momento por sus tropas.
─ ¡Formad inmediatamente! ─ordenó a
Softor.
La línea se produjo a cien metros de su enemigo. Jawet comandaba el
lado central e izquierdo. No confiaba en nadie, así que no había buscado
substituto para su hijo. El ala derecha era responsabilidad de Softor. Las
fuerzas especiales que habían sido entrenados desde hacía años para aquella
guerra estaban en los dos flancos. Crearían ilusiones de los animales rápidos
haciendo creer al enemigo que eran más de lo que en verdad había.
Kalmin había posicionado a sus hombres en una formación clásica como Jawet
había imaginado. Al comandante de la derecha le había reconocido al instante
era Paris el sobrino del general. Muy inteligente y despiadado, había que tener
cuidado con él pero, al de la izquierda no le reconocía. Era un hombre gordo y
mayor con la cara redonda.
El general se adelantó con una pequeña guardia al centro de la
explanada, Jawet le imitó y los dos se encontraron cara a cara.
Todos los shinigamis que había
en aquel lugar no quitaban ojos a aquellos que iban a regir su destino en
breve.
─Jawet ─dijo fríamente el General
─Kalmin ─le respondió el abuelo con la
misma indiferencia.
─¿Sabes? es irónico que sea precisamente
en este lugar plagado de historia donde nos enfrentemos tú y yo ─dijo Kalmin.
Jawet no quería alargar la
conversación, había ido al centro sólo porque estaba en el protocolo y algunos
de sus shinigamis hubieran visto con malos ojos romper la tradición, pero tenía
muy presente que su hijo estaba preso o muerto. Sólo rezaba para que hubiera
mantenido ocupado a Sandos el tiempo necesario para que no se reuniera con su
padre por su retaguardia. Contestó irónicamente al general queriendo acortar
aquella estúpida palabrería sin sentido.
─Sí, conozco la historia como cualquiera
de los nuestros. Tú señor rompió el equilibrio al matar a mi antepasado en
aquella orilla ─y señaló hacia allí con el dedo─. Por eso su nombre es el río
de Las Almas Perdidas. Y no quiero seguir hablando falacias con un esclavo.
Se dio la vuelta y volvió a
su formación dejando al General con un palmo de narices allí sólo en mitad de
los ejércitos. Su cara se transformó en un cuento de terror, sus facciones se
deformaron y su cuerpo se agrandó convirtiéndole en un shinigami. Se dio la
vuelta y juró que aquel bastardo iba a pagar con su vida aquella ofensa hacia
su persona.
Cuando llegó a sus líneas
miró a Paris que estaba a su lado derecho. Había heredado ese flanco por su
idea de perseguir a Jawet. Luego miró a su izquierda. El comandante de aquella
ala se llamaba Gretels y era un veterano que había luchado muchos años con él.
Era duro y fiel. Haría su trabajo sin hacer preguntas no como su sobrino que a
veces tenía que recordarle quien mandaba allí. En cambió su hijo siempre había
sido muy dócil. Demasiado para heredar su rango algún día. Esperaba que la
batalla que seguramente estaba acabando con su victoria le hiciera un shinigami
digno de ser de su sangre.
Los dos ejércitos al fin se
iban a encontrar. Habían estado días jugando al ratón y al gato y la tensión se
palpaba en sus integrantes. El general observó a sus tropas y empezó a hablar
para ellos.
─Soldados del verdadero ejército de
shinigamis. Sabed que no hay nada mejor que la visión de destrucción de tu
enemigo en un campo de batalla. Es una orgía de los sentidos que te hace llevar
a una conciencia mayor de lo que en verdad importa en la vida. Vamos a comernos
a esos rebeldes mal nacidos que se han opuesto a nuestro amo. Sus cuerpos sin
vida servirán como fertilizante y sus cabezas empaladas en nuestras espadas
serán un bonito adorno para…
Aquí tuvo que parar su
discurso, las tropas centrales de Jawet habían aparecido sobre el campo de
batalla.
─ ¡Maldito! Voy a enseñarte modales viejo
andrajoso. ¡Unidades centrales! ¡Adelante!
Las cajas de música de ambos
shinigamis sonaban en la explanada. El encontronazo entre los doscientos
animales pesados: Elefantes, bueyes y rinocerontes del bando de Jawet contra
similar número del bando contrario. Un buey de Jawet traspasó sus líneas, pero
cuando iba a embestir, un lagarto de dos
metros le cogió de la garganta y lo tiró al suelo.
─ ¿Qué es eso? ─preguntó el viejo mientras
Kalmin sonreía al ver que sus shinigamis de reserva habían intervenido para
mostrar a su enemigo que no sólo tenían los típicos espíritus.
El general hizo un gesto y la
segunda línea de shinigamis relevó a los de la primera. Estos frescos invocaron
sus propios espíritus que empezaron a mermar a los cansados del ejército de
Jawet.
─Tenemos que despistarlos ─y ordenó a
Softor atacar a la vez que al ala izquierda de su ejército.
Ciento cincuenta panteras,
lobos, tigres y leones surgieron a la invocación de sus amos. También aparecieron
unos hombres vestidos con capas negras que empezaron a murmurar palabras en un
idioma desconocido. Los efectivos de Jawet se multiplicaron por dos y fueron
corriendo hacia el enemigo. Kalmin observaba atentamente que las fuerzas en los
laterales eran mayores de lo que esperaba. No había notado que era una ilusión,
pero Paris sí y chilló a sus shinigamis.
─No os dejéis engañar son sólo la mitad.
Es una vulgar imitación para hacernos creer que son más. No os obcequéis y
comprobar con vuestros animales espirituales de lucha cual es real y cual no.
Los soldados siguieron las
órdenes de su comandante y cuando sus espíritus se encontraban con una ilusión
la dejaban pasar. Cientos de ellas llegaron a sus filas y traspasaron a los
soldados sin hacerles ningún daño.
─ ¡Matad a los espíritus de las capas
negras! ─volvió a ordenar.
Fue la prioridad de sus soldados, que empezaron
a ganar terreno por el ala izquierda. El ala derecha de Kalmin no tenía tan
buen comandante ya que el general no le había dado orden alguna a Gretels. Éste
no hizo nada para paliar el movimiento de ilusiones de Jawet. Softor sonrió,
estaban tomando su flanco sin problemas. Pero Jawet estaba teniendo muchos
problemas en su lado izquierdo con el maldito sobrino de general.
Kalmin mandó de nuevo a sus
tropas de segunda fila que relevaran a las de la primera, y un nuevo
contingente de animales pesados embistió a las bestias contrarias cansadas por
llevar tanto tiempo combatiendo.
Jawet hizo un movimiento
desesperado. Veía que aunque el flanco derecho estaba siendo un éxito, por el
izquierdo empezaban a sobrepasarle. Las tropas especiales estaban siendo
reducidas. Así que las movió al centro para ir a por el general. Sabiendo que
aunque perdiera ese lado si ganaba los otros dos la batalla sería suya. Las
bestias pesadas se multiplicaron y corrieron hacia un general cabezota que no
escuchaba a su sobrino que le advertía que sólo eran ilusiones. Traspasaron sus
líneas elefantes reales y empezaron a matar shinigamis. Mientras, sus soldados
se volvían locos persiguiendo espejismos. Paris veía que si seguían así iban a
tener problemas, pero todo se paró un instante cuando un rinoceronte atravesó
el pecho del general y le dejó tendido en el suelo sin vida. Jawet lo vio y su
alegría le hizo gritar. No sabía que había cometido el peor de los errores. Con
Kalmin hubiera sin duda vencido, pero con Paris al mando de todo el ejército el
desenlace de la batalla podría cambiar. Éste rápidamente se trasladó a la zona
central y empezó a dar órdenes.
─Que la tercera línea de shinigamis que
controlan la tierra hagan una barrera que envuelva a sus espíritus.
Unos seres de piedra surgieron y al unísono
golpearon con sus puños el suelo. Ésta, como un terremoto, se movió derribando
a las bestias torpes de Jawet mientras que las de Paris habían desaparecido
para volver a surgir rápidamente cambiando la formación y arrasando a las otras
que no podían defenderse en el suelo. Paris advirtió a
Gretels como debía combatir a las ilusiones y fue con todo hacia los
hombres con capa negra. Jawet veía que la ventaja que había adquirido se había
esfumado. Unos doscientos animales pesados se acercaban a su posición y no
tenía nada con que defenderse. Las bestias de Paris chocaron con la primera
línea del ejército de Jawet y se llevaron volando a cientos de shinigamis que
intentaban desesperadamente defenderse con la espada, pero el cuerpo de Fuerzas
con Armas que tanto había desprestigiado Jawet y Softor hubiera sido
inapreciable en aquella situación. Los soldados que luchaban con sus espadas no
tenían experiencia y fueron mermando rápidamente. Softor que había visto como
había casi ganado su flanco tenía que retirar sus tropas. Estaban siendo
masacrados por aquel gordo comandante, que como buen soldado había seguido las
órdenes al pie de letra del nuevo general. Las tropas de Jawet empezaron a
dispersarse. Éste veía como sus sueños habían sido rotos por un crío. Maldijo
su suerte y con cautela intentó escapar de la batalla, y se encontró con
alguien que jamás esperaría. Retir estaba enfrente de él, trasformado en shinigami.
Con un cuchillo le atravesó el corazón.
─Esto por mí cuñada, ¡maldito! ─luego, con
furia le cortó la cabeza─y esto, por mi hermano gemelo.
El cuerpo decapitado de
Jawet yacía tumbado en la arena.
Sus ojos sin vida habían
perdido el brillo de la codicia que había regido toda su vida. Los soldados que
vieron el asesinato corrieron a defender a su general, pero Retir desapareció
sin que ningún gesto surgiera de su cara.
Las tropas del ejército de
Stalet fueron derrotadas y Paris fue al lado de su tío. Al instante apareció
Sandos llorando y agarrando el cuerpo sin vida de su padre.
─ ¿Cómo lo has permitido? ─le preguntó a
su primo.
El otro no le respondió sino que le hizo otra pregunta.
─ ¿Dónde está tu ejército? ─Sandos calló
unos segundos y después con vergüenza le respondió.
─Fuimos vencidos por Alasthor. Se dirige
al castillo.
─Eres un inútil. No mereces vivir ─y con
fuerza con su espada le atravesó la cara con ella.
Sandos quedó sin vida juntó a su padre. Paris miró a su tío y a su
primo muertos a sus pies y pensó que ya
era la hora de que él fuera la cabeza de su familia. Se dirigió a sus
shinigamis y les dijo.
─Enterradlos con honores.
Pues son de mi sangre. Asesinad a los prisioneros y a nuestros heridos dejadlos
en un campamento medico aquí. Daos prisa, tenemos que alcanzar a la última
rata.
Se dio la vuelta y se dirigió al río para lavarse la sangre que le
cubría la cara.
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