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miércoles, 5 de junio de 2013

LA MASACRE DE LA IGLESIA (LA SANGRE DE UN DISCÍPULO)

Si recordáis bien la semana pasada estuve explicándoos como surgí en este mundo. El ver el asesinato en masa de aquellos pobres condenados fue demasiado para el cerebro de Peñuelas. ¿Mi nombre?; podéis preguntaros. Mi mentor me llamaba Bulbo por la Bulbophillum nocturnum. Una orquídea que sólo se abre en la oscuridad.
Cuando tuve el bastante control para manejar el cien por cien de su cuerpo empecé a actuar. Yo no soy cualquiera, yo abro los límites de lo que es real y lo que es imaginario. Mi primera vez tenía que ser algo que llamará la atención de Fernando, yo ansiaba conocer a aquel Dios que me había dado la vida, y empecé a pensar. Durante días mi mente buscaba realizar el sacrificio para invocar al me había dado el soplo vital, pero no hallé respuesta. Fue en cambio Peñuelas el que descubrió el lugar; para el que no me haya seguido deberá saber que yo tengo la condición de ver todo lo que mi huésped sienta por sus sentidos, y él entró por sus puertas. Peñuelas, una tarde traspasó el umbral de una Iglesia. No una grande y lujosa, si no una de barrio. Una edificación de los años 80, roja y chillona que da la impresión de ser las puertas de un gimnasio hortera. Luego te topas con una cruz y sabes que está en la casa del señor. El se sentó en los bancos de madera y escuchó al viejo cura recitar sus plegarias y alabanzas al Todopoderoso. Tomó más tarde la comunión mojándola en vino y se lo dio a los feligreses ardientes de enseñanza divina. Fue el momento que llevaba días esperando una revelación y fue el principio de la masacre…
Encontrar drogas en Madrid sí que es sencillo. Pregunté a dos persona y al momento ya tenía un gramo de cocaína, otro de cristal y un alucinógeno en una pequeña botella. No soy tonto y aunque al principio intentó aprovecharse, le puso muy claro las cosas cuando le puso un cuchillo en el cuelo y le dije que conmigo no se juega. Suave, suave.
Ya tenía el veneno, sólo necesitaba entrar en la iglesia, y fue por el día. Esperé tranquilamente a que la sacristía estuviera vacía. Fue fácil forzarla, hasta un niño podría, y encontré el vino de consagrar.
Decanté como sumiller, o podríamos decir que lo oxigené, ¡Ja, ja, ja! No, hablando en serio mezclé con el vino mi cóctel mortal, volví a dejar la botella en su lugar y esperé.

En la misa de primera hora de la mañana yo estaba en el último banco y noté que alguien me tocaba en el hombro. Al darme la vuelta sentí su presencia y supe que era él. Fernando me cogió del brazo y sin decir palabras supe enseguida que tenía que seguirle. Salimos de la Iglesia y nos quedamos a unos doscientos metros. Durante muchos minutos mi vista no podía apartarse de él y volví a la realidad cuando las ambulancias me confirmaron que el sacrificio de unos ancianos y un sacerdote habían invocado a mi señor.        

jueves, 30 de mayo de 2013

EN LAS AGUAS AZULES (LA SANGRE DE UN DISCÍPULO)



Yo reconozco que antes de conocer a mi mentor, no tengo recuerdos de haber visto un enchufe por dentro en mi vida y curiosamente nuestras almas se rozaron aquel día. Poseo total libertad de conectarme a la vida de Peñuelas y no, nunca ha sido muy mañoso. Mi otro yo, ese estúpido escritorcillo borracho y fumador, fue un día a la piscina. A una de barrio por supuesto, no sea que se arruinará; tío roñoso. Aunque, ese síndrome de me da igual todo en este caso me dio la vida. Yo nací aquella gloriosa tarde de julio. No me voy adelantar, la emoción me excita. El olor a quemado, estoy ahora mismo notándolo…
Disculpadme, últimamente salgo poco, casi siempre estoy medio dormido en el cuerpo de este maldito indeseable.
Fernando llevaba días planeando este asesinato colectivo… él no lo diría así; es más como un rescate de un dios. “Una exaltación de la gloría de su mano”.
La magia estaba en la electricidad  y de allí emanaría para purificar sus almas. Peñuelas se distanció un poco del grupo en el que había venido, no sé el porque y la verdad no me importa, pero por una vez hizo algo útil. Vio a un hombre en bañador forzar la cerradura de una puerta metálica.
Fernando no se dio cuenta, pero le habían visto entrar en el lugar donde se encontraba la depuradora de la piscina, una muy antigua, y lo bastante grande para electrocutar el agua. Empezó a hacer su trabajo. Peñuelas no huyó, si no que observó como aquel tipo sacaba el enchufe y pelaba un cable amarillo y verde a rayas, más tarde supe que era la toma de tierra; ya no saltarían los fusibles. Volvió a poner el enchufe muy rápidamente, como si de un autómata se tratara y se dirigió hacia el motor de la depuradora. Fue algo increíble, un plan maestro. Con una armonía divina, esculpió su creación. Las cosas antiguas se desgastan y los cables de un motor no son una excepción. Sólo hay que limar la sección de dos, cortarlos con sumo cuidado, que parezca fortuito, hasta dejarlos casi desunidos. La vibración del motor haría el resto. Peñuelas supo al instante que era un saboteador, pero no dijo nada. Se fue pensando que no era asunto suyo y se dirigió a la piscina, aunque por supuesto no se metió en el agua. Fernando cerró la puerta metálica, su destinó ahora eran  los vestuarios. Con un andar firme y tranquilo  se cambió y salió por la puerta con una sonrisa en su boca.
No sabéis que día más feliz, aquel hombrecillo se quedó mirando como la gente se bañaba a sabiendas de que algo pasaba. Yo en su interior ardía en deseos de nacer, se estaba filtrando mi vida poco a poco. Le poseí cuando los cables del motor cedieron. Niños, mujeres y hombres se encendieron como arbólitos de navidad y el olor a carne quemada se podía tocar. La gente gritaba espantada corriendo de un lado para otro; pisándose entre sí. Mientras los cuerpos carbonizados se hundían en las aguas azules.


domingo, 26 de mayo de 2013

ÚLTIMO CAPÍTULO DE JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS


NUEVOS FINALES, NUEVOS COMIENZOS

Gatira y Vladimir aparecieron en un salón decorado enteramente de oro y plata. Había varias sillas y una mesa de cristal. Una puerta de color rojo y  paredes con cuadros de colores abstractos.
     ─ ¿Dónde estamos? ─preguntó Gatira
     ─Dímelo tú, amor. Tú has sido la que nos has traído ─dijo Vladimir medio desnudo en el suelo y sin fuerzas casi para moverse.
La puerta se abrió y un viento cálido les dio de lleno. Éste empezó a materializarse delante de ellos y una mujer vestida con telas azules de seda, con el cabello moreno y una sonrisa afable les dijo.
     ─No ha sido ella, ha sido mi señor el que os ha convocado.
Gatira iba a desenfundar su espada cuando Vladimir la detuvo sujetando su mano.
     ─ ¿Quién es tu señor?  ─preguntó con curiosidad
     ─Creo que lo adivinas, por eso la has detenido. El Señor de los Cuatro Elementos os recibirá en breve. Ahí, en ese armario podréis cambiaros de ropa. Me llamo Miriam y para cualquier cosa estoy a vuestra disposición.
Se iba a dar la vuelta cuando Gatira preguntó.
     ─ ¿Qué quiere de nosotros? ¿Somos sus prisioneros?
    ─Vuestras respuestas serán respondidas en breve. Por ahora consideraros sus invitados. Por cierto, este cuarto está protegido por la magia sería inútil por vuestra parte pretender escapar. Yo en vuestro lugar intentaría disfrutar de la hospitalidad que os brinda ─dicho esto salió por la puerta.
Vladimir se dirigió al armario y lo abrió. Había varios vestidos para ella y ropa para él, cogió uno y se empezó a desnudar.
     ─ ¿Qué haces Vladimir?
     ─De momento mi amor ─y la tomó de la mano­─. Sigámosles el juego.   
     ─Mira ─señalándola un vestido de encaje rojo─. Éste creo que conjunta con tus ojos ─Gatira le sonrió y le apretó su mano.


Jantaro y Amelia estaban medio desnudos en mitad de una calle asfaltada de una forma muy extraña. Grupos de gente con telas pintorescas se paraban para observar a los dos muchachos. Edificios de muchos pisos les rodeaban y había un ruido ensordecedor a su alrededor.
     ─ ¿Dónde estamos? ─preguntó Amelia
     ─No lo sé ─le respondió Jantaro muy confundido. A su lado una bestia de metal que iba a cuatro ruedas pasó a gran velocidad.  
    ─No te separes de mí ─le dijo Jantaro alarmado.
Un anciano y una niña de la edad de ellos, vestidos con una tela naranja muy diferente a la del resto de los humanos que les miraban; se dirigieron a ellos.
     ─ Tú debes de ser Jantaro. Yo soy Jalón y ella es mi discípula Soraya. Era amigo de Kyon; tu maestro. He notado vuestra presencia y me he trasportado para venir a buscaros ─de repente los dos chicos se agacharon cuando una especie de colibrí gigante pasó por encima de ellos.
     ─Es sólo un helicóptero ─dijo la chica graciosa.
     ─ ¡Calla! Ellos no están acostumbrados a los artefactos humanos. Son de otra realidad.
Jantaro le observó bien y vio un cierto parecido con su maestro.
     ─ ¿Ha dicho que conocía a Kyon?
     ─Sí, es cierto. Él y yo tuvimos al mismo maestro. Él os ha traído aquí a través de tu bastón ─Jantaro lo observó con cuidado─. Él ya me dijo que un día vendrías. Te he estado esperando. Hablemos en otro sitio, puede venir la policía. No estáis muy aceptables así vestidos.
Amelia tenía roto el camisón e iba medio desnuda mientras a Jantaro sólo le quedaba un calzón blanco.
     ─ ¿Qué es un policía? ─preguntó Amelia
El abuelo la miró y  sonrió.
     ─Las preguntas luego. Ahora salgamos de aquí. Seguidme.
Fueron hacia un callejón mientras los transeúntes les miraban hasta que estuvieron solos y desaparecieron.

……………

Garot estaba en presencia del Señor del Inframundo. 
     ─Mi amo. El Señor de los Shinigamis ha muerto.
Éste estaba sentado en su trono jugando con la calavera de un ser que en nada parecía humano. Era alargada y tenía colmillos.
     ─Excelente trabajo. Primera parte concluida. El trono de regencia está más cerca ─ dijo mientras la daba vueltas con un dedo.
Garot inquieto no pudo resistirlo más y preguntó a su amo no con cierto temor a su reacción.
     ─ ¿Por qué confías tanto en Astel?
El Señor del Inframundo movió una mano y una pared se desplazó lentamente hacia un lado; apareciendo poco a poco un humano viejo, con barba, y encadenado a la pared por las muñecas. Estaba medio desnudo con el torso al aire y señales de látigazos cubrían su espalda.

     ─Porque yo tengo algo que él quiere. Te presento al conde Rupert Sartas. El Padre de Vladimir. 


FIN

jueves, 23 de mayo de 2013

JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (última parte)



La Fusión del Haborym había desaparecido. Y el gato, la serpiente y el niño estaban inconscientes en el suelo. Amelia también tumbada, había recibido el otro rayo en el pecho y sangraba copiosamente. Jantaro corrió a su lado cuando se percató y se agachó, pero Amelia se tocó dónde estaba la herida y se dio cuenta que había cicatrizado casi de inmediato. Ayudada por Jantaro que la sujetaba, la levantó.
     ─ Eso no es posible ─la cara del Señor de los Shinigamis y del propio Jantaro lo decía todo. Retir, oculto como sólo él era capaz, sonreía sabedor de que el elixir había hecho efecto y que tanto él como Amelia ahora eran inmortales. No se descubrió, esperando el momento preciso. La sincronización debía ser perfecta.
Gatira sacó de nuevo su espada, igual que antes cuando paró a las arañas e intentó ralentizar el tiempo.
     ─Tú eres la más débil. No eres ni interesante ─dijo con despreció, pero Vladimir se transformó en Astel al ver que habían insultado a su amada y surgió tras él. La energía roja chocó con la azul, que empezó a devorarla y Astel salió disparado hacia una columna rompiéndola. Gatira corrió hacia Vladimir convertido en demonio y notó que no sentía repugnancia, sino que bajo aquel aspecto seguía siendo su Conde. Le cogió de la muñeca y le acarició con ternura la palma de su mano.
     ─ ¿Estás bien Vladimir? ─le preguntó con preocupación.
Su voz poco había cambiado y se incorporó del suelo.
     ─ Jantaro y yo debemos unir los cuerpos  para poder controlar la espada, pero ese bastardo no nos va a dejar.
Geret estaba a su lado invisible y apareció.
     ─Déjamelo, creo que podré distraerle el tiempo necesario.
Se concentró y declamó un conjuro en voz alta.
     ─Tú y yo somos uno. Hermano de Sangre ven a mí en tu destierro y que nuestras almas vuelvan a sentir el placer de ver el miedo que antaño fue de nuestros enemigos.
A su lado un viento envolvió a una forma. El Yory, su hermano, había aparecido.
     ─ ¡Venga Geret quiero  machacarle y comerme su órganos! ─dijo el Yori cuando estuvo enfrente del Señor de los Shinigamis. Jantaro vio aquel espíritu y recordó la masacre del pueblo y un miedo atenazó su alma, pero se despertó cuando Vladimir fue  a su lado y le dijo como y porque había aparecido.
     ─Vamos a unirnos ─dijo Jantaro convencido.
     ─Concéntrate, dame la mano y ponte a mi nivel de energía. Mantenlo, y después visualiza nuestra unión en tu mente.
El Señor de los Shinigamis no iba a permitir que aquellos dos hicieran una fusión de almas. Esa fue su primera reacción, lo que él no preveía era que los dos espíritus le atacaran sin avisar por los dos lados. Las cuchillas de aquellos seres encorvados eran paradas por el escudo azul que le envolvía. El viento se llevó los cuerpos del mayordomo muerto y de Alasthor. Amelia, muy fatigada transformada en humana sujetaba como  podía a Bo que estaba inconsciente, pero las serpientes y el niño también rodaron por la sala.
El Señor de los Shinigamis sujetó por el cuello al Yory y cuando Geret lo vio, concentró todo su Ki para herirle en el brazo que lo sujetaba y así liberar a su hermano que reía como un poseso. Estaba verdaderamente disfrutando de la pelea.
Jantaro y Vladimir ya estaban al mismo nivel de energía. El Señor de los Shinigamis se dio cuenta y aumentó su poder. Los dos hermanos fueron engullidos por un vórtice que producían las garras del Señor de los Shinigamis y les trasportó a un vacío, despareciendo de la sala. Cuando se había librado de aquellos dos, fue a por el demonio y a por el hijo del Señor de Larimar. Gatira hizo un movimiento desesperado al ir a por él con su espada, pero sólo pudo darles un par de segundos al ser golpeada por la energía de éste en el vientre. Salió despedida en la dirección de Amelia, que la atrapó en el aire. Bo se despertó y usó su cuerpo para protegerlas del golpe contra el suelo.
     ─ ¿Bo, estás bien? ─preguntó Amelia.
El gato no contestaba sino que observaba la trasformación que habían realizado con éxito Jantaro y Vladimir. Era un ser parcialmente rojo, con alas negras que emitían descargas eléctricas que le envolvían como un campo de fuerza. Su rostro era una curiosa simbiosis de los dos. Aunque sus ojos grises irradiaban miedo el resto era afable y humano. El Señor de los Shinigamis había llegado tarde y recibió una estocada rápida y precisa de Ilander en su hombro. Éste, se hecho hacia atrás asustado porque su defensa había fallado y un ataque de furia golpeó todo su cuerpo. Alzó las garras y empezó a invocar las almas que estaban prisioneras de los  humanos que sus más devotos seguidores habían reunido para él en las distintas realidades.
.............

Clarent y Rudyt se encontraban en las puertas del castillo luchando contra la guardia tal como Alasthor les había ordenado, De repente, uno de los torreones explotó y miles de almas blancas acudieron al centro del castillo, derritiendo la piedra para hacer un agujero para entrar. El espectáculo de poder hizo detenerse a Paris que ya estaba llegando con su ejército. Elian los vio y ordenó sabiamente a sus tropas la retirada. Clarent se negaba a moverse y abogaba por ir a ayudar a Alasthor, pero Rudyt le convenció al fin, de que su media hora había expirado hacía mucho tiempo y fueron a ocultarse en el bosque. Paris estaba demasiado atento y maravillado con lo que estaba viendo para dar ninguna orden de perseguirlos.
El techo se desplomó en la sala y las almas se introdujeron en el cuerpo del Señor de los Shinigamis. Irradiaba una luz blanca que derretía todo a su alrededor.
Bo cogió a las dos mujeres y se las llevó lejos de aquel horrible shinigami que había quebrantado la más básica ley de sus ancestros. La serpiente y el niño ya despiertos, fueron a su encuentro y las rodearon para protegerlas. Amelia se agachó en el suelo y recogió el bastón de Jantaro que  antes había caído  y se encontraba a pocos metros de ella. 
El Señor de los Shinigamis alzó una garra y las ondas producidas por su movimiento tiraron al suelo a la fusión de Vladimir y Jantaro.
     ─Sigues de una pieza. Eres fuerte, pero a mi lado sólo eres una débil cucaracha a la que voy a pisotear ─dijo mientras éste se levantaba del suelo con dificultad con el cuerpo  magullado.
Una voz se oyó en un lado apartado de la habitación.  Era Retir, que estaba encima de un doble pentagrama que había dibujado lentamente y con cuidado para que no notaran su presencia.
     ─ ¡Cuando quede preso de mi hechizo cortadle la cabeza! ─y empezó a recitar concentrando todo su poder.
     ─ ¡Faradar yo te ato por tu nombre a tu alma! ¡FARADAR POR LOS DIOSES ANCESTROS TE SELLO! ¡FARADAR TU NOMBRE ES MÍO Y CONTROLO TU ESPÍRITU! ­­─se oía repetir una y otra vez  por su boca. El Señor de los Shinigamis empezó a notar que perdía el control de su cuerpo.
     ─ ¡RATA, ALIMAÑA, ME HAS TRAICIONADO! ─gritaba poseído de rabia, aunque Retir continuaba sin detenerse.
La unión de los dos se concentró en dirigir todo su poder a Ilander. La espada brillaba de tal forma que Gatira y Amelia no podían fijar la mirada en ella. El Señor de los Shinigamis no se podía mover e intentaba con todas sus fuerzas liberarse del conjuro de Retir. La espada milenaria con un corte rápido decapitó al Shinigami que durante diez mil años había regido aquel mundo sin que nadie pudiera hacer nada. Su cuerpo se convulsionó y miles de almas escaparon de él, destrozandolo todo. El castillo se iba a derrumbar. Jantaro y Vladimir se  separaron casi sin fuerzas ya convertidos los dos en humanos. Amelia y Gatira corrieron hacia su correspondiente pareja mientras la tierra se quebraba a sus pies y todo a su alrededor se derrumbaba.
     ─Tenemos que salir de aquí ─dijo Vladimir a Gatira, que sacó el bastón que el señor de Larimar le había dado en su palacio tiempo atrás. Jantaro recibió el suyo de Amelia y los cuatro se miraron antes de desaparecer. Amelia echó un último vistazo y vio a Bo, supo al instante que estaría bien y que no la necesitaban para regresar a su dimensión. Una explosión atroz sacudió el castillo sin dejar rastro de el.

lunes, 20 de mayo de 2013

JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (tercera parte), Literatura fantástica gratis


La habitación se estremeció y aparecieron cientos de arañas gigantes. Medían un metro y eran negras como el alma de su señor. Atacaron al Haborym con un líquido verde que salía de sus bocas. Éste corrosivo estaba haciendo heridas en sus patas produciendo que perdiera el equilibrio. Amelia no lo estaba pasando mejor, intentaba evitar a los arácnidos envolviendo su cuerpo con llamas, pero eran ignífugas. Un viento, afilado como cuchillas atravesó el cuerpo de los espíritus que estaban acorralando a Amelia. Mientras que las que atacaban al Haboryn se paralizaron parcialmente dándo la oportunidad al espíritu de la chica de aplastarlas de cuatro en cuatro.
Geret, el espíritu de Jantaro estaba a su lado encorvado como siempre. No le quitaba ojo a una bestia de metal que se había conseguido levantar del suelo. Geret empujó a Amelia y desapareció de su vista para resurgir encima de la cabeza del gigante, afilando sus manos contra su cabeza. Las chispas envolvían su cuerpo mientras torpemente intentaba derribar al intruso que se le había colocado de sombrero.
     ─Baja insecto ─pero no conseguía alcanzarlo.
Al fin el plan de Geret funcionó. Los ojos de aquel espíritu, su única parte vulnerable se cegaron debido a las chispas producidas por las cuchillas.
     ─ ¡Ahora Jantaro! ─le gritó Geret.
Éste miró al Harobyn que comprendió al instante al leer sus pensamientos. La serpiente le cogió con la boca y le lanzó hacia aquel monstruo que daba bandazos retorciéndose de dolor. Con Ilander en sus manos, concentró su Ki y la espada se iluminó. Con extrema habilidad le cortó la cabeza de un solo golpe. El espíritu del gigante de metal desapareció y Jantaro, ya en el suelo corrió hacia Amelia para abrazarla. Los dos se juntaron en aquella batalla y todos sus problemas desaparecieron durante unos segundos mientras estaban entrelazados. Su discusión había sido olvidada y la felicidad inundaba sus cuerpos por haberse encontrado una vez más. No tuvieron tiempo para hablar, pues volvieron a la realidad cuando el Señor de los Shinigamis empezó a reírse.
     ─ ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya poder tiene la espada! Pero habéis cometido un error.
     ─ ¿Qué pasa discípulo? ¿Es ese el poder del que tanto presumías? ¿El famoso Ki del vacío? ¿Convocar arañitas peludas? ─dijo Bo mientras le sacaba la lengua.
     ─No, eso era una distracción  para  poder reunir el poder. No es fácil. Debisteis atacarme a mí en vez de a mis espíritus.
 Una energía azul le envolvía desde la cabeza hasta las garras de los pies, que desprendían rayos y que pulverizaban el cristal que pisaban. Era una imagen escalofriante y un frío aterrador inundo la sala. Dos relámpagos iluminaron la habitación y fueron a dar donde no había nadie. O eso es lo que parecía.
     ─ Astel; ¿crees que puedes engañarme a mí, al Señor de los Shinigamis con una burda ilusión?... 

jueves, 16 de mayo de 2013

JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (segunda parte), Literatura fantástica gratis



Jantaro, Vladimir y Gatira todavía seguían en la habitación ocultos, recobrándose después de sus luchas con los soldados de la guardia del Señor de los Shinigamis.Varias patrullas habían pasado cerca de ellos buscándolos, pero gracias a la ilusión proyectada por Vladimir habían pasado de largo. De repente,Jantaro escuchó a shinigamis correr más rápido que antes y voces que decían que el ejército del hijo de Jawet estaba a las puertas del castillo.
     ─Es nuestra oportunidad ─dijo Jantaro.
     ─Sí, es hora de movernos. Hemos hecho bien al quedarnos aquí. Vosotros dos estabais muy débiles ─Gatira  afirmó con rotundidad dándole la razón a Vladimir mientras desaparecía la ilusión. Ahora podían ser vistos.
     ─Silencio; id cada uno detrás del otro ─dijo Vladimir y los tres le siguieron en silencio por un pasillo.
Anduvieron varios minutos sin encontrar resistencia. Parecía que Alasthor estaba haciendo bien su trabajo de distracción, tenían que ahorrar energías por si se encontraban con el Señor de los Shinigamis. Jantaro buscaba algún signo de Amelia, aunque todavía no la percibía. En ese instante se oyó un ruido ensordecedor y la fuerza vital de ella creció hasta su máximo poder. Jantaro apremió a sus compañeros.
     ─ ¡Rápido es por aquí! ¡Seguidme! ─y subieron corriendo por unas escaleras al piso superior.
………………………

 Amelia se encontraba en la sala más extraña que había visto en su vida. Tenía una gran altura y era muy grande, el suelo era un cristal gigantesco repleto de signos en una lengua para ella desconocida. El mayordomo personal del Señor de los Shinigamis; Menfist, la puso debajo de una estrella de doce puntas con los doce signos zodiacales pintados de color rojo. Amelia pensaba que ya había fingido demasiado y se iba a trasformar, cuando, de repente, una puerta que ella no había visto se abrió y surgió la figura escalofriante del Señor de los Shinigamis.
     ─ ¿Está todo preparado? ─preguntó
     ─Sí mi amo ─respondió Menfist haciéndole una reverencia.
     ─Bien, traedlo entonces.
Dio la orden a los dos mismos soldados, que trajeron el cuerpo atado de Alasthor por los pies y por las manos. Lo tiraron al suelo sin ninguna delicadeza y salieron de la habitación. Amelia al verlo intentó ir a su lado, pero Menfist se lo impidió agarrándola de la muñeca.
     ─ ¡Papá! ¿Estás bien? ─le dijo a cierta distancia
     ─ ¡Si hija, tú no te preocupes! ¡Te salvaremos!
     ─Que enternecedor ─dijo con jactancia el Señor de los Shinigamis. Pero pronto cambió de expresión cuando Amelia se transformó en un shinigami.
     ─ ¡Esto no es posible! El brazalete no se puede inutilizar a no ser que mueras.
En la mano de Amelia se formó una campana, la tocó y el espíritu Haboryn apareció en su forma completa. Con la tres cabezas en un cuerpo blanco, con cuatro patas y cola de dinosaurio.
     ─Mirad hermanos, quien está ahí ─señaló el gato 
     ─Es nuestro antiguo discípulo ─dijo la serpiente.
     ─Vamos a darle nuestra última lección ─se jactó el niño.
Un fuego rojo salió de sus bocas en dirección al Señor de los Shinigamis. Éste invocó a un ser de casi cuatro metros formado de hierro forjado que recubría todo su cuerpo. Éste se  interpuso entre las llamas y su amo. La habitación retumbó.
Bo sonrió y saludo a la bestia que había sido llamada.
     ─ Cuánto tiempo Kreler ¿Todavía sigues a las órdenes de este traidor?
     ─Bo. Me alegro verte. Todavía no has aprendido la lección después de la paliza que te di en aquel río hace diez mil años   ─una voz ronca salió de su garganta y dio un puñetazo al Haborym, pero éste lo esquivó y con su cola derribó a aquella bestia de metal tirándola al suelo.
Amelia intentaba acercarse a su padre para liberarle pero un ser parecido a un perro, pero con colmillos de sable en su boca, se interpuso en su camino. Amelia miró a su alrededor y vio que había sido invocado por el mayordomo. En ese un momento un dragón negro decapitó a Menfist de un mordisco, haciendo desaparecer a su espíritu. Alasthor corrió hacia su hija.
     ─ ¿Te encuentras bien? ─la preguntó con preocupación.
      ─Sí padre. ¿Cómo te has liberado?
      ─No lo sé. De repente noté que un aire frío pasaba a mi lado y las ataduras se rompieron.
Garot se ocultaba en la sombras indetectable para los que allí se encontraban. No había liberado a Alasthor porque él quisiera, sino porque tenía órdenes del Señor del Inframundo.
El Señor de los Shinigamis estaba lleno de rabia. Su espíritu,Kreler, estaba en el suelo y no se podía levantar debido a su gran peso, ademásAlasthor se había liberado. Se concentró y unas mujeres con el pelo rojo aparecieron en la sala.
Llevaban vestidos de tela blanca y sus ojos eran de color negro. Al instante desplegaron dos alasde murciélago y una uñas como estacas les crecieron. Se pusieron a volar. Dos atacaron al Haborym, mientras que la tercera destruyó con un solo golpe al dragón de Alasthor. Después fue a por Amelia, y en el instante en que iba a atacarla,Alasthor se interpuso en su camino quedando ensartado entre la criatura aérea y su hija. La mujer alada fue golpeada por la cabeza de la serpiente que ya se había liberado de las otras dos, tirándola al suelo y desapareciendo.Alasthor estaba en el suelo junto Amelia, que lloraba mientras intentaba tapar la herida con sus garras.
     ─Papá. No te mueras por favor.
     ─Lo siento hija mía. Siento de verdad haberte metido en esto. Tú eras tan inocente y feliz con tu madre… ─en ese instante empezó a toser sangre─. Sabes, tú nunca has estado sola. Yo siempre te vigilaba para que nada malo te ocurriese.
     ─Papá, no te vayas. Vuelve conmigo, junto a mamá.
     ─ ¿Tú madre? ¿Sabes?, me enamoré de ella. Creó que todavía la quiero, me costó mucho dejaros a las dos.
Seguía tosiendo y surgieron las convulsiones, sin embargo, una sonrisa apareció en su cara.
     ─ ¿Quieres saber por qué nunca te enseñé a aparecer después de trasformada con tus ropas intactas? ─Amelia no contestó. Ella lloraba y sus lágrimas caían sobre el cuerpo de su padre─. Porque eso te hace consumir un poco de tu Ki interior y yo quería que lo tuvieras todo para que no te pasara nada. Cuando dijo la última palabra exhaló su último suspiro.
     ─ ¡Noooo! ¡Padre! ─Amelia se levantó y miró con odio al Señor de los Shinigamis. Aquella criatura horrible le había arrebatado todo. Su vida tranquila junto a su madre y ahora a su padre, que empezaba a querer. Concentró su energía y su cuerpo empezó a irradiar calor. El Haborym  brillaba y un haz blanco surgió de sus cabezas hacia el Señor de los Shinigamis. Éste se concentró en su Ki. Y una barrera de energía le protegió.
─¿Crees sucio engendro que en diez mil años mis poderes no iban a crecer? Mientras tanto los tuyos son iguales. Ahora controló el Ki del vacío, el más poderoso de todos. Puedo crear energía de la nada. Te lo demostraré.

jueves, 9 de mayo de 2013

JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (primera parte)



REENCUENTRO

 Amelia meditaba como librarse del brazalete con forma de serpiente en su celda, dentro del castillo del Señor de los Shinigamis.
Su concentración era máxima ya que el tiempo que le quedaba expiraba en unas horas. Pronto vendrían a por ella y si para entonces no había controlado su Ki para ponerlo a cero, sus poderes y su vida acabarían para siempre. Su nerviosismo no era de ayuda en aquel momento. Intentó relajarse y visualizó su energía roja. Ya se había dado cuenta que ésta, aunque mermaba a la voluntad de ella, seguía estando presente. No entendía cómo podía hacer desaparecer algo que estaba ligado a su fuerza vital. Se levantó del suelo con las piernas entumecidas y caminó por su celda intentando desconectar de su problema. Pensó en su madre, que estaría seguramente tejiendo como una loca. Ella siempre hacía tareas de forma mecánica y compulsiva cuando estaba nerviosa. Sin duda debía llevar ya una alfombra hecha. Una sonrisa se dibujó en su cara cuando se la imaginó. No podía dejarla sola. Estaba claro que no servirían métodos comunes y, ese pensamiento, le hizo recordar a un viejo chalado que conoció hace años. Residía en una cabaña cochambrosa a las afueras de un pueblo donde vivieron ella y su madre hasta que se mudaron donde conoció a Jantaro. Ella sintió lastima por aquel hombre que todo el mundo rechazaba. Vivía solo y su alimentación dejaba mucho que desear,  así que Amelia le llevaba a escondidas lo que podía afanar de comida en su casa. Aunque él se creía un gran científico, algunos rumores decían que se volvió loco por algún experimento que le explotó en las narices. Un día en que Amelia le visitó, éste le habló del fuego. Él afirmaba que se alimentaba y sobrevivía gracias al aire, por lo cual le dijo textualmente: “Si consiguiéramos ahogarlo con una explosión y ésta consumiera el viento del  alrededor, las llamas se extinguirían”. Por supuesto Amelia escuchaba por lastima y no porque creyera en él. En verdad ni le interesaban los delirios de ese hombre trastornado. Pero aquel viejo sólo deseaba que lo escuchasen y a ella eso siempre se le había dado bien. Estaba tan desesperada que se agarró a un clavo ardiendo. Volvió a  sentarse en el suelo y se concentró. Dividió en dos su Ki y en uno de ellos intensificó su energía lo máximo que podía. El color cambió a un rojo muy intenso. Empezó a moverlo dentro de la figura geométrica haciendo que rozará una y otra vez consigo mismo, hasta que explotó en su interior cayendo ella desmayada. Cuando abrió los ojos miró rápidamente su muñeca buscando el brazalete. Éste estaba en el suelo junto a ella. Lo había conseguido. La energía al estallar había consumido a la otra y durante un segundo  había desaparecido totalmente. Era libre al fin, aunque su alegría duro poco, el mayordomo del Señor de los Shinigamis abrió la puerta de la celda. Ella, rápida, se guardó el brazalete en un bolsillo de su camisón pues todavía lo llevaba de cuando Retir la había secuestrado durmiendo en su cama. No era el momento, decidió, y siguió a aquel viejo shinigami sin que el otro se diera cuenta de que ella ya podía usar sus  poderes.

    


Puertas del Castillo del señor de los Shinigamis.

Alasthor ya había llegado al castillo. Con sus cien hombres estaba intentando tomarlo, pero  la resistencia era feroz por parte de su enemigo. La guardia había cerrado las puertas y se habían atrincherado en el interior. Arrojaban un tipo de líquido ardiendo al foso que derretía a los espíritus cuando intentaban escalarlo y Alasthor miraba preocupado la escena, sabedor de que un asedio prolongado sería el final para su hija. El plazo de los tres días que necesitaba el Señor de los Shinigamis para extraer sus poderes estaba ya casi en su límite. Rudyt se acercó a él con un shinigami a su lado.
     ─Mi comandante, este soldado pertenecía a la guardia del Señor de los Shinigamis antes de unirse a nuestra causa. Conoce un pasadizo que conecta el bosque con el castillo.
Alasthor observó a aquel soldado bajo y regordete y sin contemplaciones preguntó delante de él a Rudyt.
     ─ ¿Es de fiar o nos llevará a una trampa?
     ─Es de mi pueblo, fue reclutado a la fuerza hace años. Se llama Filver y tanto su familia como la mía están muertas por causa de ese tirano sin sentimientos.
Alasthor afirmó con la cabeza confiando en Rudyt y llamó a Elian y Clarent. Los cinco se reunieron mientras sus tropas seguían intentando entrar con sus espíritus de lucha.
     ─Vosotros tres ─dirigiéndose a sus sargentos─. Os quedaréis aquí distrayendo al enemigo mientras yo y Filver entramos por el pasadizo ─señalando al shinigami.
     ─ ¿Tú solo? Deja que te acompañemos ─dijo Clarent nervioso mientras su antiguo sargento le echaba una mirada inquisitiva. Éste se dio cuenta y avergonzado se disculpó─. Perdonadme comandante.
Alasthor sonrió y prosiguió.
     ─Estaréis sólo treinta minutos asediándolos para que todo soldado de ellos este aquí intentando evitar que toméis su castillo. Eso nos dará más facilidades a mí y a los amigos de mi hija que  seguramente estén dentro para rescatarla. Recordad, media hora y huiréis. No sabemos si mi padre ha ganado la batalla. En el caso de haberla perdido os encontraréis en serios problemas si el ejército de Kalmin aparece por aquella ladera.
Todos guardaron silencio, pero Clarent, con la cabeza agachada no pudo contenerse.
     ─ ¿Cómo saldréis sin nuestra ayuda?
Alasthor le miró y notó una ola de simpatía hacia aquel sargento.
     ─Puedo hacerlo de tres formas distintas. La primera con la ayuda de Retir que está con ellos dentro. Tiene un amuleto de shinigami. El segundo, junto a Vladimir al ser un demonio no se rige igual, puede aparecer y desaparecer a su antojo. Tercera, si derrotamos al Señor de los Shinigamis el sello de Jantaro se romperá y él tampoco está sujeto a nuestras mismas leyes físicas al ser un humano inmortal. De todos modos, siempre puedo volver por el mismo camino por el que voy a entrar.
 Elian tomo la mano de Alasthor y se la besó arrodillándose.
     ─Buena suerte, mi general ─lo dijo con orgullo y fe ciega. Los dos amigos hicieron lo mismo. Alasthor sabiendo la suerte que tenía al contar con aquellos shinigamis esperó volver a encontrarse con ellos. Miró a Filver y  dijo.
     ─Vamos amigo, guíame hacia el castillo.
Entraron por un antiguo túnel de ventilación. Estaba oscuro y olía a cerrado. Su guía parecía conocer el camino al dedillo. En ese instante, se oyeron unas voces y detrás de ellos surgieron dos soldados enemigos transformados, que portaban unas lanzas. Alasthor iba a cambiar de estado cuando unas cuerdas aparecieron enrollándose en su cuerpo. Éstos le ataron de pies y manos obligándole a caer en el barro que había acumulado en el suelo del túnel.
     ─ Mi querido amigo. Te estaba esperando.
Una sombra tomó forma cuando el Señor de los Shinigamis apareció delante de él.
     ─Alasthor, el último de una estirpe. Tu padre ha muerto y pronto acompañaras en el último viaje a tu hija.
Si Jawet  había caído,  la batalla se había perdido. Sus hombres estaban en peligro. Intentó moverse desesperadamente, pero aquellas sogas le apretaban cada vez más.
     ─Cuanto más te muevas, más se ajustarán las cuerdas a tu cuerpo. Es un juguete  del mundo mágico. Ahora matadle ­─ordenó a sus shinigamis.
Uno de los soldados de su guardia atravesó el pecho con su lanza a Filver. Éste entre terribles dolores, agonizando. preguntó.
     ─ ¿Por qué? ¿Y mi familia?
     ─Los tuyos ya están muertos. Únete a ellos. Eras un buen espía, aunque  no soportó a la gente que se deja engañar tan fácilmente­ ─y el Señor de los Shinigamis escupió sobre su cuerpo sin vida­─. Miró a Alasthor que horrorizado observaba la escena y le sonrió.
      ─Tú no te preocupes, morirás antes de lo que piensas. Primero quiero que veas como le absorbo los poderes a tu hija y luego me como su corazón para sellar el conjuro.
Los dos soldados cargaron el cuerpo maniatado de Alasthor, que temblaba más por Amelia que por su vida.

martes, 7 de mayo de 2013

LA SANGRE DE UN DISCÍPULO (MUERTE POSCOITO)

Mi mentor no sólo era un hábil estratega, si no también un profundo sentimental. Su mente analítica buscaba una forma de intervenir desde el exterior; es decir, conseguir con su ayuda divina que un hombre asesinara a la mujer que más ama. Sí, es bello; ya lo sé.
Parece que estoy relatando un episodio de Misión Imposible. Fijaros:

Objetivos:
Mujeres con pareja y alérgicas a la penicilina.

Como llegar a ellas:
Entrada en el ordenador de una clínica especializada en alergias, acceso a medicamentos y una forma de entrar en sus casas.

Como lo hizo:
Fernando era un hombre atractivo y no sólo por su gran inteligencia. Los cánones de belleza establecidos socialmente lo aprobaban como un hombre guapo. La vida sexual de mi mentor hasta la fecha  habían sido  encuentros esporádicos con cientos de mujeres y sabía perfectamente aprovecharse de sus virtudes. ¡Que ilusa fue aquella pobre dependienta de farmacia! La muy tonta se enamoró de él y la chantajeaba emocionalmente. Ella, que era mirada fingidamente por Fernando como alguien especial, no podía negarle nada, y así fue.
Por otro lado buscó una clínica en un barrio alejado y fácil de asaltar. Una noche se coló por una de las ventanas y entró en el ordenador del centro. La clave fue fácil, era el mismo nombre de la clínica. No se comieron mucho la cabeza; la verdad. Anotó el nombre de las mujeres con trastornos más graves a la penicilina en un papel, cerró el ordenador y salió por la misma ventana que entró. Las investigó y redujo a tres parejas con edades comprendidas entre veinte y sesenta años. Con una planificación de meses, ya sabía el horario de aquellas mujeres que iban a ser exterminadas.
Os relataré la historia de una de ellas:
Luis Flores trabaja por las noches de vigilante mientras que Ana Hurtado, su pareja, era profesora de instituto. Mientras ella daba clase, él dormía. Fernando con su maestría se coló en la casa de la feliz pareja y gracias a su amante farmacéutica tenía el medicamento del que ella era mortalmente alérgica. Mi mentor era un genio, ya os lo he dicho. Lo fácil hubiera sido inyectarle la penicilina directamente a ella, pero os he mencionado al principio que era un sentimental. Le colocó un pañuelo en la cara con cloroformo y se la inyectó a él mientras dormía. Una cantidad abusiva de penicilina fue introducida en el cuerpo de Luis Flores. Ahora sólo tocaba esperar.
Luis se levantó con la garganta seca y con dolor de cabeza. Se duchó para espabilarse y se fue como si nada a su trabajo. Cuando regresó se encontró con Ana esperándole desnuda. Lo dos cuerpos se juntaron. Ana besaba compulsivamente el pecho de su amante mientras que él la acariciaba su bajo vientre. Los gemidos de ella inundaban la habitación, ni tiempo tuvieron para ponerse un condón. La protección es lo primero, ¿no os lo enseñaros cuándo erais niños? Después de diez minutos de placer y acometidas, Luis descargó. Los dos a la vez tuvieron un orgasmo y se miraron con pasión. A las tres horas Ana empezó a tener convulsiones,  estaba teniendo un ataque de alergia. Su cara se tornó roja e hinchada como  un melón y Luis, el pobre, sólo pudo sujetar su mano mientras ella fenecía en la más profunda ignorancia.    

jueves, 25 de abril de 2013

JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 17 (segunda parte)



BATALLA DE GARSBURGO


Sandos estaba esperando a su padre como le había ordenado en aquella posición. No había tenido ninguna noticia de él. Sabía por sus informes de inteligencia que el ejército de Jawet venía directo hacía su situación y que sabía de su existencia. Unos shinigamis con el uniforme a rayas habían estado expiándoles. No había tardado mucho en averiguar las intenciones de su enemigo. Un minúsculo grupo de fuerzas se acercaba por el sur a enfrentarle. Los vigías que había posicionado le habían informado hacía unos minutos. Dedujo que si habían mandado tan pocos shinigamis contra él era que ya sabían del ejercito de su padre en su retaguardia. Aquello sería un triunfo total. No tenían nada que hacer, eran solo doscientos. Había ordenado a sus soldados esperarlos en una explanada a las afueras del pueblo.

Al cabo de dos horas empezó a ver a los soldados de Alasthor. ¿En verdad pretenden ganar?  Se preguntó. Aquello era un suicidio en toda regla. Enfrente, Alasthor comandaba las tropas. Sandos le reconoció al instante y se adelantó con cuatro guardias y su homólogo hizo lo mismo. Se encontraron en medio de la explanada. Sandos educadamente hizo una reverencia y Alasthor le imitó.

     ─No creo que sea un buen día para morir. Es ridículo que me enfrentes no sois ni la mitad que mis shinigamis ─dijo Sandos con confianza.

Alasthor observaba todos sus movimientos. Se tomó su tiempo y respondió al hijo del general con respeto.

     ─No dudo de tus dotes para el mando ni de la profesionalidad de tu ejército, pero estás ante las mejores tropas de shinigamis. Uno de los míos es como dos de los tuyos. Por lo que yo no veo desigualdad en esta batalla.

Sandos sonrió con ironía. Había oído hablar de él aunque nunca habían coincidido. Cuando escuchó que por amor se había unido a una humana y había desobedecido a su padre, él que nunca osaría revelarse contra el suyo sintió cierto respeto hacia aquella persona.

Sabía de la dificultad de realizar lo que uno quiere cuando eres manejado como una marioneta.

     ─Espero Alasthor, que sea una buena lucha. Sentiré asesinaros. Siempre he sentido respeto por ti.

     ─Si hemos de morir, moriremos con honor. Espero que al final de esta guerra que consume nuestro mundo podamos hablar con tranquilidad. Tenía una imagen equivocada de ti. Salud y respeto.

     ─Salud y respeto ─contestó Sandos mientras daba la vuelta y volvía a su formación.

Alasthor llegó ante sus tropas y empezó a hablarles.

     ─ ¡Mirad! Mirad delante de vosotros con la cabeza bien alta. Veis; sólo es un patético ejército temblando de miedo ante la visión de las mejores tropas. Pues es verdad que ni sois la mitad que ellos, pero ellos tiemblan porque saben que van a morir. Vosotros tembláis por la emoción de matarlos. Porque ahí, delante, a pocos kilómetros en el castillo está la esperanza. La verdadera sucesora del primer shinigami. La salvaremos y restaurará el equilibrio. ¡POR LA REINA!

     ─ ¡REINA! ¡REINA! ─gritaban las tropas al unísono.

Sandos los veía desde su posición en la retaguardia. Sentía tener que destruirlos, pero era su deber. Con una mano ordenó a su cuerpo de animales pesados que fuese invocado. Cientos de cajitas de música sonaron y surgieron elefantes, bueyes y rinocerontes.

     ─Atacad ─ordenó Sandos.

 Clarent comandaba el centro de la formación. Miró a su derecha y vio a su amigo Rudyt que alzó su puño y él le respondió de la misma manera con confianza.

     ─ ¡Quietos! ¡No os mováis! ─gritó Clarent.

Los animales cogían velocidad y estaban a cien metros, cincuenta metros, diez metros.

     ─ ¡AHORA!

La formación se abrió como un abanico. Todos en sincronización dejaron pasar a las bestias que, confundidas, consiguieron alcanzar algún shinigami, aunque las bajas fueron mínimas.

     ─ ¡Mandad a vuestros espíritus! ─gritó Clarent

Cincuenta animales rápidos, tigres, panteras y leones salieron  como centellas hacia el enemigo. Sandos cuando vio que sus fuerzas pesadas fueron burladas ordenó con furia.

     ─ ¡Qué den la vuelta esos animales! ¡RÁPIDO!

Aunque fueran espíritus, eran bestias pesadas y torpes que tardaban en darse la vuelta cuando lo consiguieron desaparecieron.

Los espíritus de los shinigamis de Alasthor ya habían llegado a la formación de Sandos y los soldados perdieron la concentración, ya que estaban ocupados defendiéndose. Éste ordenó movilizar los dos flancos con sus propios animales rápidos.

En el lado derecho de la batalla, los tigres, leones y lobos de Sandos se encontraron con los pesados que dirigía Rudyt. Los que no eran aplastados por su peso, eran destruidos por las espadas de los shinigamis de primera fila, que luchaban a destajo cortando cabezas. Peor lo  llevaban los soldados de las fuerzas de ataque  con  armas en el flanco izquierdo que dirigía con maestría el sargento Elian. El encontronazo los desequilibró al principio, pero rápidamente formaron una muralla donde se iban relevando mientras se cansaban en destruir animales salvajes. Alasthor vio que ese flanco tenía que aguantar y ordenó a Clarent que redirigiera a sus animales al lado izquierdo. Los cogieron por detrás y entre unos y otros empezaron a mermar. Sandos vio que le habían dejado libre el centro de la batalla ya que  habían desplazado a la izquierda las tropas centrales y ordenó a sus tropas frescas que relevarán a los anteriores. Rudyt vio que volvían los animales pesados a atacar y dio orden sin consultar a nadie de mover sus tropas al centro. El encontronazo de animales de la misma especie fue gigantesco. Alasthor vio la rapidez de reflejos de Rudyt que había parado el avance del enemigo y se sintió aliviado de haberle dado esa responsabilidad.

La batalla era una carnicería. Era un auténtico caos justo lo que Alasthor quería. Una batalla ordenada sería la victoria para sus enemigos. Les doblaban en número. Ahora la cosa se había igualado. Sandos no sabía dónde estaban sus líneas y su superioridad se había reducido. En el lado izquierdo Elian mantenía a raya con la ayuda de Clarent a los animales rápidos. El centro de la formación era un espectáculo de lucha de animales pesados que intentaban destruirse unos a otros y el lado derecho de Sandos había sido muy mermado por los animales pesados de Rudyt. Por lo que las pocas tropas que quedaban estaban siendo contenidas por los pocos elefantes que Rudyt había dejado en su movimiento al centro de la batalla.





Flanco Izquierdo



     ─ ¡Vamos aguantad! ¡Si no os matan esas bestias yo con mi espada os ensartaré por el culo! ─decía Elian a sus shinigamis mientras le cortaba la cabeza a un lobo. Sus soldados veían que él estaba el primero dándolo todo y siguieron a su sargento con orgullo de estar bajo su mando. Habían conseguido con la ayuda de los animales de Clarent mermar mucho a su enemigo.

     ─ ¡Clarent! ─éste se acercó a su antiguo sargento─. No rompas la formación. Sostén a los espíritus contrarios mientras nosotros acabamos con sus amos.

Clarent afirmó con la cabeza y  volvió a redirigir sus tropas para abrir un pasillo para que Elian pudiera pasar.

     ─ ¡ADELANTE!

El sargento encabezó a sus hombres que corrieron con sus espadas en alto hacia el enemigo. Los tigres y leones que iban a impedir su paso eran neutralizados con los propios de Clarent.

Sandos no podía creer lo que estaba viendo cuando vio la maniobra. Inmediatamente llamó a sus últimas tropas de reserva de ese flanco, pero aunque estaban haciéndole daño a ese sargento loco, éste seguía avanzando sin que sus espíritus pudieran pararle.

Alasthor sonreía desde la retaguardia. Ahora se verá porque fuisteis mi primera elección.

Las tropas de Elian llegaron a donde estaban los shinigamis. Éstos sin sus espíritus estaban en clara desventaja contra aquello soldados que habían entrenados para luchar cuerpo a cuerpo. Las espadas se empaparon de sangre. Sin compasión uno a uno fueron exterminados y sus cuerpos sin vida llenaron la explanada.



En el centro de la batalla



Aunque Rudyt estaba en menor número sus shinigamis aguantaban las envestidas de sus enemigos.

     ─Hay que darles tiempo para rodearles. ¡Aguantad!.

Los soldados veían como el lado izquierdo del enemigo estaba cayendo y eso les infundió más valor. Sandos en una maniobra desesperada intentó tapar su flanco derecho, pero una desorganización de sus tropas le llevó a crear una fisura en sus líneas. Cuando Rudyt la vio, dio orden de atacar avanzando.

     ─ ¡Ahora! ¡Aprovechemos!

Todos los shinigamis se movieron como si de un sólo ser se tratará y entraron en el caos de las filas enemigas. Sandos se unió a la batalla invocando un águila gigantesca que atacaba desde el aire con piedras enormes que recogía del suelo, pero cuando estaba subiendo con una, un dragón le atacó por detrás mordiéndola del cuello y tirándola al suelo. Sandos reconoció a Alasthor que se había unido a la contienda y supo que aquella batalla estaba perdida. Sus hombres, cuando vieron la derrota de su comandante, empezaron a huir. Sandos hizo lo propio y al cabo de unos minutos la explanada estaba repleta de cuerpos y shinigamis del ejército de Alasthor que gritaban.

      ─ ¡VICTORIAAAAAAA!

 Los soldados saltaban de alegría. Nadie hubiera dado nada por ellos antes de aquella batalla. Alasthor se situó en medio y sus tropas le observaron como a un dios guardando silencio con admiración.

     ─Esta victoria es vuestra y de los que han caído por ella ─todos agacharon la cabeza con respeto─. Partiremos al castillo. Hay una reina que debemos liberar.

     ─ ¡REINA! ¡REINA! ─gritaron todos a la vez mientras partían para intentar liberarla.

lunes, 4 de marzo de 2013

JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 7


Hoy podréis disfrutar del capítulo 7 de “Jantaro en el mundo de los Shinigamis”.


EL BARÓN INCOMPRENDIDO

El mercado estaba repleto de gente. Todas las calles de Artol, capital del reino del Señor de Larimar se llenaban de puestos  de comida, de orfebrería y de todo tipo de artículos de lujo. También había tramoyistas que instalaban los decorados para que los actores interpretaran obras de teatro. Malabaristas hacían su número con palos en llamas. Viejos, jóvenes y niños disfrutaban de aquel día festivo. Gatira paseaba por la calle mayor disfrutando del gentío. Le gustaba el pueblo llano, su forma de ver la vida, simple y sin complejos. Viviendo el momento. Al pasar por un puesto de la calle de los joyeros se detuvo a observar un collar de piedras rojas que rodeaban un ojo azul que estaba guardado en una vitrina de cristal.
     ─Qué maravilla ─ expresó cuando lo vio. El mercader, un hombre gordo con un gran mostacho rápidamente dijo:
     ─Es muy bello ¿verdad? Digno de una soldado tan atractiva de la guardia.                         
     ─Ella le miró recelosa. Estaba claro que había reconocido su uniforme.
     ─ ¿Qué piedras son?
     ─Son rubís, y el azul es un zafiro.
     ─ ¿Cuál es su precio? ─preguntó con indiferencia.
     ─Trescientas monedas de Larimar ─dijo como si nada.
     ─ ¡Ni mi casa vale tanto dinero!
 A su lado oyó una voz.
     ─  ¿Sabéis señora, que el rubí simboliza al fuego y la fuerza mientras el zafiro es el emblema de los inmortales?  En algunos mundos  lo relacionan con la sabiduría.
Gatira se volvió hacia atrás y vio al conde de Sartas que la saludaba con un gesto.
     ─Ah, sois vos señor conde. ¿Sois un experto en joyas tal vez?
     ─Soy noble, entra dentro de mi educación conocer las distintas piedras que se utilizan en el sutil arte de la orfebrería.
La muchacha empezó a andar ignorando la respuesta.
      ─Veo que todavía no soy digno de vuestra confianza. Ya os dije que me llamarais Vladimir.
Ella se paró en seco.
     ─ ¿Qué queréis de mí?
     ─Yo sólo os he visto y deseaba saludaros. Quizá intente haceros ver que no todos los nobles son iguales o quizá sólo quiera caminar con vos. Pasead conmigo esta mañana, os dará la oportunidad de cambiar vuestra opinión sobre mi persona.
Gatira se quedó helada. Ella no era tan arrogante para insultarle en la cara.
     ─La calle es de todos señor Conde, podéis acompañarme.
Pasaron por diferentes puestos sin hablarse hasta que él rompió el silencio;
     ─ ¿Os gusta el teatro de marionetas?
     ─ Eso es para niños ─replicó ella.
     ─Sí, es cierto.  Aunque creo que si nos introducimos en el papel de un simple infante disfrutaremos del espectáculo y olvidaremos que yo soy un malvado conde y que vos es una valiente guerrera.
Ella empezó a reírse y levantando el brazo le dijo.
     ─Vamos, os sigo.
A los diez minutos llegaron a una pequeña explanada repleta de chiquillos sentados en el suelo. Al fondo había un retablo donde los titiriteros se ocultaban para dar más realismo a sus personajes. El fondo, coloreado en un papel, imitaba un amanecer en las montañas, en primer plano y dominándolo todo, aparecía un castillo.
     ─Señorita ¿deseáis tomar asiento? ─dijo Vladimir.
Ella se sentó en el suelo y un niño lleno de pecas le saludó con la mano. Sorprendida, pues no le conocía, se lo devolvió sin entusiasmo.
     ─Veo que habéis hecho un amigo ─sonrió el conde.
Ella iba a responderle cuando una música de flautas empezó a sonar.
     ─Atención, empieza ─dijo Vladimir.
En el escenario surgieron  dos  marionetas. Una simulaba a un hombre bajito, obeso y con perilla, con ropas muy lujosas. La otra era una muchacha delgada y guapa vestida de criada.
     ─Señor Barón; ¿cuándo voy a poder volver a mi casa? ─dijo la mujer.                       
     ─ ¡Ja, ja, ja! Nunca mi señora, vuestro padre el rey os vendió para que no devastara vuestro reino. Viviréis en la servidumbre por toda vuestra vida a no ser que me aceptéis como marido.
Ella, llorando, le contestó.
     ─No, jamás seré vuestra, mi príncipe me rescatará.
     ─ ¿No os recuerda a alguien conde? ─se jactó divertida.
     ─Sí, la mujer es igual de tozuda que vuestra persona.
Ella se dio la vuelta hacia él, pero un niño se puso un dedo en la boca mandándoles callar. Los dos siguieron viendo la obra y el semblante de ella relucía. Reía en algunas escenas e incluso se pudieron ver algunas lágrimas cuando el Barón mató al padre de ella. Vladimir se asustó, un extraño sentimiento cálido que
nunca había sentido emanaba de su cuerpo y llegó a su momento álgido cuando se sorprendió  poniendo sus  ojos sobre ella y Gatira le devolvió la mirada.
     ─ ¿Creéis que debo ponérmelo? ─preguntó, intentando relajar la tensión.
     ─ ¿El qué, Conde?
     ─Pues que va a ser; el bigote.
     ─No, creo que estáis más guapo sin él.
Al instante se dio cuenta de su desliz.
     ─No he querido decir....
Pero él cambio de tema rápidamente.
     ─Mirad, el príncipe malvado está luchando con el pobre barón incomprendido.
Ella se alegró del bote salvavidas que él la había lanzado.
     ─Creó que lo tenéis muy mal, vais a ser asesinado.
En el escenario el barón yacía muerto por una estocada y a su lado el príncipe y la criada se daban un beso. El telón calló dando por finalizada la obra y los aplausos resonaron en todo el recinto.
     ─ ¿Os ha gustado? ─preguntó Vladimir mientras se dirigían hacia una de las calles adyacentes.
     ─La verdad es que  he disfrutado mucho ─ sonrió con agrado.
     ─Habéis visto como el auténtico inocente es el Barón.
     ─ ¿Qué? ─preguntó con curiosidad.
     ─Él es la verdadera víctima. El barón está enamorado de la criada, aunque ella no le acepta. Hasta se arriesga por ella prometiéndola matrimonio en contra de las reglas establecidas.
     ─Eso es una tontería, ella es una princesa ─replicó Gatira
     ─No; el padre de ella es enemigo de su pueblo y para calmar al suyo, la convierte en criada. Pero ella le traiciona con el pomposo príncipe­.
 Ella, fascinada, se detuvo en la calle.
     ─Tenéis un don para darle la vuelta a la verdad.
Él la señaló con la mano.
     ─ ¿Veis el mundo?, la verdad depende siempre del punto de vista del que lo cuenta.
Entre las sombras alguien les observaba. Iba vestido con ropas corrientes. Camisa negra y pantalones azules. Intentaba pasar inadvertido entre la gente. Vladimir se dio la vuelta y le vio leyendo un libro disimuladamente, uno de los muchos que había en pequeñas mesas para su venta.
     ─ ¿Ocurre algo Vladimir? ─preguntó ella.
     ─ No, solamente que me alegra que  hayas mencionado mi nombre.
Hacía tanto tiempo que no me divertía tanto. Él es muy agradable. ¿Pero qué relación tiene con el Capitán? pensó, mientras recordaba la reunión con el Señor de Larimar.
     ─ ¿De qué conocéis al Príncipe Asino? ─y cuando hizo la pregunta se arrepintió enseguida por no ser más sutil.
     ─Yo estoy en un comité designado por el Señor de Larimar para averiguar las diferentes formas de convivencia y armonía entre la nobleza y el resto del pueblo. Por lo que imaginarás que no soy muy bien visto entre mis iguales. Porque sería una pérdida de sus privilegios. El príncipe es el encargado de mi seguridad
     ─ ¿Queréis decir que ahora estamos siendo vigilados?
     ─Sí, exactamente. Procuran no inmiscuirse en mi vida privada. ¿Veis a ese hombre que hace que lee? ─señaló hacia el puesto de libros─. Es un agente imperial que lleva siguiéndonos un buen rato. Aunque claro, acompañándome la segunda al mando de la guardia personal, no creo que nadie se atreva a acercarse.
     ─De eso debéis estar seguro ─confirmó ella entre risas.
     ─ ¿Qué os parecería continuar con vuestro pluriempleo esta noche cenando conmigo?
A ella se le ruborizaron levemente las mejillas.
     ─Está bien Conde, pero yo elijo. No quiero ir a uno de esos sitios elegantes donde uno debe dar las gracias por pagar un dineral por la comida. ¿Conocéis la calle de los Buhoneros? Hay un pequeño restaurante llamado “El Pequeño Paje”. 
     ─Sí, conozco el sitio aunque nunca he comido allí. ¿A las nueve os parece bien?
     ─Allí nos veremos. Por supuesto invitáis vos. Sois el noble pomposo y rico.
Sin esperar contestación se fue calle abajo, dejando a Vladimir en medio de la gente, observando cómo se iba.
Gatira se dirigía con paso ligero hacia los cuarteles generales de la guardia. Se me ha pasado el tiempo volando, se dijo a sí misma mientras miraba el reloj que había en uno de los edificios más importantes de la ciudad.
En las oficinas generales, Gatira  sentada en su despacho, estaba terminando de revisar algunos informes.
     ─ ¿No es día de fiesta?
Delante de ella estaba el Príncipe Asino apoyado sobre la puerta.
     ─Eso creo, pero el tirano de mi capitán ha ordenado que estos informes de situación estuvieran listos para el viernes a primera hora ─dijo levantando la vista de su escritorio
     ─Sí, hay unos abusos. Pero yo, el séptimo Príncipe del reino tiene el deber de gratificar a los que están bajo su mando.
Tengo dos entradas para ver tu obra favorita “El Sendero sin final”. Son para esta noche en el teatro real.
Gatira le miró recelosa y una sonrisa de superioridad se dibujó en su cara.
     ─ ¿Por qué no quieres que vea al conde esta noche?
     ─ No sé a qué te refieres ─dijo inocente.
     ─Bueno, situémonos en antecedentes. Primero, que casualidad que hoy sea la primera vez que me solicites una cita, cuando yo he quedado para cenar esta noche con Vladimir. Segundo, como eres el responsable de su seguridad sabes perfectamente que he estado con él en el mercado y te habrán informado incluso de nuestra conversación, y tercero, vi que no te caía nada bien e incluso noté algo de odio en tus ojos cuando me lo presentaste. ¿Tengo razón? ─Asino la miró con agrado.
     ─Tenía que intentarlo, pero como sabía que  ibas a pillarme te he traído esto ─y la lanzó una carpeta.
     ─ ¿Qué es? ─preguntó recogiéndola de la mesa donde había ido a parar.
Es el expediente privado del Conde Vladimir  Sartas. Te lo resumiré. El padre de Vladimir era el Conde Rupert Sartas. Éste se enamoró locamente de una cortesana de palacio y en contra de todos se casó con ella. Todo era felicidad entre la pareja hasta que ella dio a luz a dos niños. Cual fue la sorpresa del marido cuando por casualidad vio el asesinato de uno de sus hijos a manos de su mujer. Pues lo que él no sabía era que ella era un demonio de alto rango del inframundo. ¡Qué traumática debió ser la imagen de su propia mujer transformada en un ser despiadado que mataba a su propio vástago! Así que el conde la asesinó con su espada. Creyendo que su otro hijo estaba muerto o quizá a causa del trauma por asesinar a su esposa, esto no se sabe con certeza, se quitó la vida.
Gatira había dejado de respirar. Entonces con balbuceos preguntó.
     ─Entonces; ¿él es...?
     ─Exactamente, él es medio demonio. Fue desterrado hasta que por orden de mi padre se le devolvieron las tierras y su título hace cinco años.
El Príncipe salió de la habitación pero antes de irse dijo.
     ─Mi oferta para el teatro todavía está vigente.
Ella le observó y contestó.
     ─Prefiero estar sola.
Él hizo un ademán con la cabeza y salió de la estancia.
Gatira cogió la carpeta y mirándola con recelo la guardó en su escritorio cerrándolo con llave y siguió con los informes que tenía que entregar.
……………

Vladimir estaba de pie delante de la puerta del restaurante. Se había vestido con un traje azul y una capa de color granate. Ella llegó media hora  tarde. Cuando la vio aparecer por la calle, él no pudo contener un pequeño suspiro de sorpresa y admiración. Llevaba un vestido rojo ajustado y el pelo suelto tapándole los hombros.
     ─ ¿Os he hecho esperar mucho Vladimir? ─preguntó cuándo le tuvo enfrente.
     ─Es un placer, si como recompensa me puedo deleitar con vuestra belleza.
Ella se rió y con el brazo derecho le golpeó en su hombro.
     ─No seáis pedante, eso no va con vuestra personalidad. Pasemos. Estoy ansiosa de probar el pescado del día.
Él la siguió hacia la puerta y  la abrió para que ella pasase.
     ─Solo pretendo ser educado ─dijo para justificarse.
El restaurante era una copia de un castillo de tiempos anteriores. Las paredes estaban pintadas con escenas de caballeros que montaban en blancos corceles, unos  farolillos de color rojo alumbraban el local dando un ambiente de intimidad. El camarero los guió hasta  una mesa pequeña con un mantel blanco. Estaba decorada con una vela y unas flores. Las sillas eran de madera y cada una tenía un cojín azul.
Los dos se sentaron y Gatira sin darle importancia preguntó.
     ─ ¿Habéis perdido facultades?
     ─ ¿Y eso?­ ─ respondió escéptico.
     ─ Creí que me retirarías la silla. Os lo digo porque es lo que se suele hacer.
     ─Lo recordaré para la próxima. Puertas no, sillas sí.
Los dos se rieron a la vez. El camarero vino con las cartas y ella con un gesto con la mano le paró.
     ─ ¿No había ya algo encargado?
     ─Sí señora, os las traía por si querías algo más ─replicó éste último.
     ─No, no es necesario. Gracias.
Vladimir se quedó de piedra. Él nunca perdía el control de la situación. Aquello le desbordaba, pero la miró a los ojos y  por una vez en su vida decidió dejarse llevar.
     ─Ya veo que lo tenéis todo preparado.
     ─ Pero recuerda que la cuenta al final la pagarás tú.
     ─ Hasta me tuteáis. Sin duda voy por el buen camino.
 La comida fue servida en campanas de metal que fueron retiradas a la vez.
      ─Disculpen señores: es una lubina a la plancha, con hierbas del monte, aderezada con una salsa de setas de temporada caramelizadas y cebolletas salvajes ─dijo el camarero retirándose.
Ella  observándole le dijo.
     ─Esperó que lo disfrutes, es mi plato favorito, el pescado está en su punto.
Él se llevó un trozo a la boca.
     ─Maravilloso. Está realmente bueno.
Ella feliz empezó a comer con pasión una de las setas.
     ─Sabes Gatira, curiosamente esa lubina también existe en otras realidades. Casi todos los animales se repiten en diferentes mundos, hay excepciones claro.
Ella tomó un poco de agua de una copa de cristal y dijo.
     ─ Habéis viajado por muchas dimensiones por lo que veo.
Él se puso tenso, pero la muchacha no lo advirtió.
     ─Sí. He viajado bastante.
Ella vio el momento para llevarle a su terreno.
     ─ ¿Habéis visto demonios en vuestros viajes? Siempre he querido luchar contra uno de ellos.
     ─Pues no os lo recomiendo, son extremadamente fuertes y la compasión no está en su naturaleza.
Ella ignoró el comentario que daba a entender que era débil y prosiguió.
     ─He oído hablar de uno en especial, un tal Astel.
Vladimir soltó una carcajada que hizo que toda la gente del restaurante se les quedará mirando. Gatira asombrada le miraba con incertidumbre
     ─Habéis hablado con El Príncipe Asino. ¿Verdad? ─ella afirmó incrédula─. Por alguna razón que no entiendo os interesa ese demonio y como habéis averiguado que yo soy medio humano habéis aprovechado para interrogarme sobre ese sujeto. Por lo que vuestro interés por mi persona era fingido ─moviendo la mano llamó al camarero─. La cuenta por favor. Yo cumplo mis promesas.
Ella se puso roja de rabia y agarrando el cuchillo lo clavó en la mesa cerca de la mano de Vladimir.
     ─ ¡Tú eres idiota!  
Él se quedó sorprendido de que alguien se atreviera a chillarle y ella aunque estaba lanzando chispas por los ojos bajó el tono de voz.
     ─Mira Vladimir, a mí me da igual que seas medio demonio o medio monstruo de los dulces de frambuesa. Yo no intentó utilizarte, quítate esa idea de la cabeza. Yo he venido esta noche aquí contigo porque disfrutó de tu compañía. Es cierto que  tengo un interés por ese tipo, pero no tiene nada que ver contigo.
El camarero llegó con la cuenta en la mano y Vladimir  cambió de opinión.
     ─Disculpe, tráiganmela al final de la cena por favor.
Ella se relajó un poco al escucharle.
     ─Tomad vuestro cuchillo.
Con una mano se lo acercó después de desclavarlo de la mesa.
     ─Gracias. Disculpadme, tengo mal genio.
Vladimir apoyó sus manos en su cuello estirándose y aspiró preguntando.
     ─ ¿Qué sabéis exactamente de mí?
Ella, que había comenzado a comer otra vez dejó el tenedor en la mesa.
     ─Sé lo de vuestra naturaleza, lo de vuestros padres y que fuisteis desterrado.
     ─Sabed que las cosas no son lo que parecen. Mi padre si sabía que mi madre era un demonio. Uno muy poderoso llamado Hataris. Se dice que estos no pueden amar, aunque yo creo que ella si se enamoró. Mi madre tenía que matar a uno de sus dos hijos, es la ley entre los de su pueblo y tiene una razón de ser. Cuando nacen dos gemelos uno debe ser sacrificado o los dos perecerán cayendo enfermos. Solo puede haber una inmortalidad  y al nacer dos seres esta los devora por dentro a no ser que una de las vidas sea sesgada. Mi madre tomó una decisión y aunque su naturaleza era la de alguien que no tiene sentimientos, la culpa y el dolor que le produciría a mi padre pudo más  que su deseo de vivir y se cortó la cabeza. Mi padre, que no sabía nada y vio a los dos muertos pensó que yo también lo estaba. Se suicidó en la misma habitación.
      ─Lo siento Vladimir ─dijo ella de corazón.
     ─Ese tal Astel es un demonio de alto rango, nadie jamás lo ha visto. Sus asesinatos son famosos. Os intentaría convencer de que no os acercarais a él, aunque creo que no me haríais caso. ¿Verdad?
     ─No, pero gracias por preocuparos.  Y ahora me gustaría pedir el postre. ¿Qué os parece dulce de frambuesa?
Él se rió y con sarcasmo dijo.
     ─ Por supuesto, yo soy un monstruo comiendo frambuesas.
La cena acabó con bromas, tanto uno como otro se sentían realmente bien juntos. Salieron del restaurante y Vladimir le dio un pequeño codazo para que observara a un hombre que estaba esperando en la puerta.
     ─Es el de la librería. ¿Es posible que se haya cambiado de ropa? ─dijo ella divertida.
     ─ ¿Qué tal si le despistamos?
     ─Bien, tú corre cuando yo te diga.
Ella sacó su espada  y diciendo unas palabras paró brevemente el tiempo. Tocó el brazo de Vladimir y éste volvió a la normalidad.
     ─ ¡Ahora! ¡Corre!
Cuatro calles más allá se pararon los dos, jadeando.
     ─ No entiendo ¿dónde la tenías escondida? ─dijo Vladimir observándola de arriba a abajo.
     ─Vamos conde, no seáis tan impetuoso, son cosas de mujeres. 
Vladimir la agarró del brazo y la atrajo hacia él. En ese instante una daga pasó donde ella estaba antes.
     ─ ¡Cuidado! ¡Nos atacan!
Estaban rodeados por seis personas armadas con cuchillos.
     ─No puedo parar el tiempo tan seguido ─dijo alarmada Gatira.
Él le sonrío y cogió su espada.
     ─ ¿Me la prestas?
Fueron unos doce segundos. Surgieron cinco Vladimir donde antes había uno, se pusieron uno a uno enfrente  de los asaltantes. Su rapidez era tal que los asesinos no pudieron ni parpadear cuando fueron desarmados. Huyeron despavoridos por el callejón. Éste volvió a ser uno solo.
     ─Aquí tenéis vuestra arma, muchas gracias.
Ella intentó no perder la calma.
     ─Muy bonito y visual pero ¿no hubiera sido más inteligente coger a uno para interrogarle?
     ─No es necesario, los han mandado algunos nobles.
Vladimir sintió otra vez la misma sensación que en el teatro de marionetas, pero esta vez no intentó apagar ese sentimiento.
     ─ Creo que habéis faltado a vuestro trabajo
     ─ ¿A sí? ¿Cuándo?
     ─He sido yo el que te ha protegido y no a la inversa. Esto merece un castigo.
Gatira se rió tan cerca de él que casi se rozaban.
     ─Llevas razón mi conde. Debo de sufrir un gran correctivo ─y apoyando sus labios en los de él sus almas se entrelazaron parando completamente el tiempo.