lunes, 24 de junio de 2013

DIOSES DE ROCA Y METAL

¿Qué es un Dios?, es una pregunta limitada si la realizas precipitadamente y sin entender toda su amplitud. Debemos preguntar, ¿por qué existen los Dioses?; y responderemos para realizar nuestros deseos. Un dios sólo puede vivir si los humanos le adoramos. Su subsistencia y fuerza está basada en la cantidad de  personas que han depositado su fe en él. Cuanta más gente le rece más fuerte se hará y todo dependerá de su habilidad para complacernos. Un dios que no es capaz de llevar a cabo los deseos humanos será abandonado y, al fin, desaparecerá de este mundo
Está es la historia de uno de ellos. Diferente al resto y siempre dispuesto a ayudar. Quizás no siempre en el resultado deseado, pero nadie podrá juzgar que su dedicación siempre fue y ha sido total. Él fue creado en un pequeño parque de una plaza de un pueblo de la comunidad de Madrid. Un lugar mágico donde los estudiantes bebían, escuchaban música heavy, hacían el amor…

Muy cerca de un manzano en una pequeña roca se encuentra su hogar. Durante años nació la costumbre entre los alcohólicos estudiantes  de pedir un deseo  y firmarlo bebiendo un trago con sus litros de cerveza, su kalimotxo o su botella de vodka del super de turno. Surgió un ser con el pelo  largo y blanco hasta la cintura, sus ojos de un verde esmeralda invitaban a dejarse llevar hacia otro mundo, vestía una cazadora de cuero y  unos vaqueros rotos. Había sido creado para  complacer los deseos de nosotros los borrachos…   

miércoles, 5 de junio de 2013

LA MASACRE DE LA IGLESIA (LA SANGRE DE UN DISCÍPULO)

Si recordáis bien la semana pasada estuve explicándoos como surgí en este mundo. El ver el asesinato en masa de aquellos pobres condenados fue demasiado para el cerebro de Peñuelas. ¿Mi nombre?; podéis preguntaros. Mi mentor me llamaba Bulbo por la Bulbophillum nocturnum. Una orquídea que sólo se abre en la oscuridad.
Cuando tuve el bastante control para manejar el cien por cien de su cuerpo empecé a actuar. Yo no soy cualquiera, yo abro los límites de lo que es real y lo que es imaginario. Mi primera vez tenía que ser algo que llamará la atención de Fernando, yo ansiaba conocer a aquel Dios que me había dado la vida, y empecé a pensar. Durante días mi mente buscaba realizar el sacrificio para invocar al me había dado el soplo vital, pero no hallé respuesta. Fue en cambio Peñuelas el que descubrió el lugar; para el que no me haya seguido deberá saber que yo tengo la condición de ver todo lo que mi huésped sienta por sus sentidos, y él entró por sus puertas. Peñuelas, una tarde traspasó el umbral de una Iglesia. No una grande y lujosa, si no una de barrio. Una edificación de los años 80, roja y chillona que da la impresión de ser las puertas de un gimnasio hortera. Luego te topas con una cruz y sabes que está en la casa del señor. El se sentó en los bancos de madera y escuchó al viejo cura recitar sus plegarias y alabanzas al Todopoderoso. Tomó más tarde la comunión mojándola en vino y se lo dio a los feligreses ardientes de enseñanza divina. Fue el momento que llevaba días esperando una revelación y fue el principio de la masacre…
Encontrar drogas en Madrid sí que es sencillo. Pregunté a dos persona y al momento ya tenía un gramo de cocaína, otro de cristal y un alucinógeno en una pequeña botella. No soy tonto y aunque al principio intentó aprovecharse, le puso muy claro las cosas cuando le puso un cuchillo en el cuelo y le dije que conmigo no se juega. Suave, suave.
Ya tenía el veneno, sólo necesitaba entrar en la iglesia, y fue por el día. Esperé tranquilamente a que la sacristía estuviera vacía. Fue fácil forzarla, hasta un niño podría, y encontré el vino de consagrar.
Decanté como sumiller, o podríamos decir que lo oxigené, ¡Ja, ja, ja! No, hablando en serio mezclé con el vino mi cóctel mortal, volví a dejar la botella en su lugar y esperé.

En la misa de primera hora de la mañana yo estaba en el último banco y noté que alguien me tocaba en el hombro. Al darme la vuelta sentí su presencia y supe que era él. Fernando me cogió del brazo y sin decir palabras supe enseguida que tenía que seguirle. Salimos de la Iglesia y nos quedamos a unos doscientos metros. Durante muchos minutos mi vista no podía apartarse de él y volví a la realidad cuando las ambulancias me confirmaron que el sacrificio de unos ancianos y un sacerdote habían invocado a mi señor.        

jueves, 30 de mayo de 2013

EN LAS AGUAS AZULES (LA SANGRE DE UN DISCÍPULO)



Yo reconozco que antes de conocer a mi mentor, no tengo recuerdos de haber visto un enchufe por dentro en mi vida y curiosamente nuestras almas se rozaron aquel día. Poseo total libertad de conectarme a la vida de Peñuelas y no, nunca ha sido muy mañoso. Mi otro yo, ese estúpido escritorcillo borracho y fumador, fue un día a la piscina. A una de barrio por supuesto, no sea que se arruinará; tío roñoso. Aunque, ese síndrome de me da igual todo en este caso me dio la vida. Yo nací aquella gloriosa tarde de julio. No me voy adelantar, la emoción me excita. El olor a quemado, estoy ahora mismo notándolo…
Disculpadme, últimamente salgo poco, casi siempre estoy medio dormido en el cuerpo de este maldito indeseable.
Fernando llevaba días planeando este asesinato colectivo… él no lo diría así; es más como un rescate de un dios. “Una exaltación de la gloría de su mano”.
La magia estaba en la electricidad  y de allí emanaría para purificar sus almas. Peñuelas se distanció un poco del grupo en el que había venido, no sé el porque y la verdad no me importa, pero por una vez hizo algo útil. Vio a un hombre en bañador forzar la cerradura de una puerta metálica.
Fernando no se dio cuenta, pero le habían visto entrar en el lugar donde se encontraba la depuradora de la piscina, una muy antigua, y lo bastante grande para electrocutar el agua. Empezó a hacer su trabajo. Peñuelas no huyó, si no que observó como aquel tipo sacaba el enchufe y pelaba un cable amarillo y verde a rayas, más tarde supe que era la toma de tierra; ya no saltarían los fusibles. Volvió a poner el enchufe muy rápidamente, como si de un autómata se tratara y se dirigió hacia el motor de la depuradora. Fue algo increíble, un plan maestro. Con una armonía divina, esculpió su creación. Las cosas antiguas se desgastan y los cables de un motor no son una excepción. Sólo hay que limar la sección de dos, cortarlos con sumo cuidado, que parezca fortuito, hasta dejarlos casi desunidos. La vibración del motor haría el resto. Peñuelas supo al instante que era un saboteador, pero no dijo nada. Se fue pensando que no era asunto suyo y se dirigió a la piscina, aunque por supuesto no se metió en el agua. Fernando cerró la puerta metálica, su destinó ahora eran  los vestuarios. Con un andar firme y tranquilo  se cambió y salió por la puerta con una sonrisa en su boca.
No sabéis que día más feliz, aquel hombrecillo se quedó mirando como la gente se bañaba a sabiendas de que algo pasaba. Yo en su interior ardía en deseos de nacer, se estaba filtrando mi vida poco a poco. Le poseí cuando los cables del motor cedieron. Niños, mujeres y hombres se encendieron como arbólitos de navidad y el olor a carne quemada se podía tocar. La gente gritaba espantada corriendo de un lado para otro; pisándose entre sí. Mientras los cuerpos carbonizados se hundían en las aguas azules.


domingo, 26 de mayo de 2013

ÚLTIMO CAPÍTULO DE JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS


NUEVOS FINALES, NUEVOS COMIENZOS

Gatira y Vladimir aparecieron en un salón decorado enteramente de oro y plata. Había varias sillas y una mesa de cristal. Una puerta de color rojo y  paredes con cuadros de colores abstractos.
     ─ ¿Dónde estamos? ─preguntó Gatira
     ─Dímelo tú, amor. Tú has sido la que nos has traído ─dijo Vladimir medio desnudo en el suelo y sin fuerzas casi para moverse.
La puerta se abrió y un viento cálido les dio de lleno. Éste empezó a materializarse delante de ellos y una mujer vestida con telas azules de seda, con el cabello moreno y una sonrisa afable les dijo.
     ─No ha sido ella, ha sido mi señor el que os ha convocado.
Gatira iba a desenfundar su espada cuando Vladimir la detuvo sujetando su mano.
     ─ ¿Quién es tu señor?  ─preguntó con curiosidad
     ─Creo que lo adivinas, por eso la has detenido. El Señor de los Cuatro Elementos os recibirá en breve. Ahí, en ese armario podréis cambiaros de ropa. Me llamo Miriam y para cualquier cosa estoy a vuestra disposición.
Se iba a dar la vuelta cuando Gatira preguntó.
     ─ ¿Qué quiere de nosotros? ¿Somos sus prisioneros?
    ─Vuestras respuestas serán respondidas en breve. Por ahora consideraros sus invitados. Por cierto, este cuarto está protegido por la magia sería inútil por vuestra parte pretender escapar. Yo en vuestro lugar intentaría disfrutar de la hospitalidad que os brinda ─dicho esto salió por la puerta.
Vladimir se dirigió al armario y lo abrió. Había varios vestidos para ella y ropa para él, cogió uno y se empezó a desnudar.
     ─ ¿Qué haces Vladimir?
     ─De momento mi amor ─y la tomó de la mano­─. Sigámosles el juego.   
     ─Mira ─señalándola un vestido de encaje rojo─. Éste creo que conjunta con tus ojos ─Gatira le sonrió y le apretó su mano.


Jantaro y Amelia estaban medio desnudos en mitad de una calle asfaltada de una forma muy extraña. Grupos de gente con telas pintorescas se paraban para observar a los dos muchachos. Edificios de muchos pisos les rodeaban y había un ruido ensordecedor a su alrededor.
     ─ ¿Dónde estamos? ─preguntó Amelia
     ─No lo sé ─le respondió Jantaro muy confundido. A su lado una bestia de metal que iba a cuatro ruedas pasó a gran velocidad.  
    ─No te separes de mí ─le dijo Jantaro alarmado.
Un anciano y una niña de la edad de ellos, vestidos con una tela naranja muy diferente a la del resto de los humanos que les miraban; se dirigieron a ellos.
     ─ Tú debes de ser Jantaro. Yo soy Jalón y ella es mi discípula Soraya. Era amigo de Kyon; tu maestro. He notado vuestra presencia y me he trasportado para venir a buscaros ─de repente los dos chicos se agacharon cuando una especie de colibrí gigante pasó por encima de ellos.
     ─Es sólo un helicóptero ─dijo la chica graciosa.
     ─ ¡Calla! Ellos no están acostumbrados a los artefactos humanos. Son de otra realidad.
Jantaro le observó bien y vio un cierto parecido con su maestro.
     ─ ¿Ha dicho que conocía a Kyon?
     ─Sí, es cierto. Él y yo tuvimos al mismo maestro. Él os ha traído aquí a través de tu bastón ─Jantaro lo observó con cuidado─. Él ya me dijo que un día vendrías. Te he estado esperando. Hablemos en otro sitio, puede venir la policía. No estáis muy aceptables así vestidos.
Amelia tenía roto el camisón e iba medio desnuda mientras a Jantaro sólo le quedaba un calzón blanco.
     ─ ¿Qué es un policía? ─preguntó Amelia
El abuelo la miró y  sonrió.
     ─Las preguntas luego. Ahora salgamos de aquí. Seguidme.
Fueron hacia un callejón mientras los transeúntes les miraban hasta que estuvieron solos y desaparecieron.

……………

Garot estaba en presencia del Señor del Inframundo. 
     ─Mi amo. El Señor de los Shinigamis ha muerto.
Éste estaba sentado en su trono jugando con la calavera de un ser que en nada parecía humano. Era alargada y tenía colmillos.
     ─Excelente trabajo. Primera parte concluida. El trono de regencia está más cerca ─ dijo mientras la daba vueltas con un dedo.
Garot inquieto no pudo resistirlo más y preguntó a su amo no con cierto temor a su reacción.
     ─ ¿Por qué confías tanto en Astel?
El Señor del Inframundo movió una mano y una pared se desplazó lentamente hacia un lado; apareciendo poco a poco un humano viejo, con barba, y encadenado a la pared por las muñecas. Estaba medio desnudo con el torso al aire y señales de látigazos cubrían su espalda.

     ─Porque yo tengo algo que él quiere. Te presento al conde Rupert Sartas. El Padre de Vladimir. 


FIN

jueves, 23 de mayo de 2013

JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (última parte)



La Fusión del Haborym había desaparecido. Y el gato, la serpiente y el niño estaban inconscientes en el suelo. Amelia también tumbada, había recibido el otro rayo en el pecho y sangraba copiosamente. Jantaro corrió a su lado cuando se percató y se agachó, pero Amelia se tocó dónde estaba la herida y se dio cuenta que había cicatrizado casi de inmediato. Ayudada por Jantaro que la sujetaba, la levantó.
     ─ Eso no es posible ─la cara del Señor de los Shinigamis y del propio Jantaro lo decía todo. Retir, oculto como sólo él era capaz, sonreía sabedor de que el elixir había hecho efecto y que tanto él como Amelia ahora eran inmortales. No se descubrió, esperando el momento preciso. La sincronización debía ser perfecta.
Gatira sacó de nuevo su espada, igual que antes cuando paró a las arañas e intentó ralentizar el tiempo.
     ─Tú eres la más débil. No eres ni interesante ─dijo con despreció, pero Vladimir se transformó en Astel al ver que habían insultado a su amada y surgió tras él. La energía roja chocó con la azul, que empezó a devorarla y Astel salió disparado hacia una columna rompiéndola. Gatira corrió hacia Vladimir convertido en demonio y notó que no sentía repugnancia, sino que bajo aquel aspecto seguía siendo su Conde. Le cogió de la muñeca y le acarició con ternura la palma de su mano.
     ─ ¿Estás bien Vladimir? ─le preguntó con preocupación.
Su voz poco había cambiado y se incorporó del suelo.
     ─ Jantaro y yo debemos unir los cuerpos  para poder controlar la espada, pero ese bastardo no nos va a dejar.
Geret estaba a su lado invisible y apareció.
     ─Déjamelo, creo que podré distraerle el tiempo necesario.
Se concentró y declamó un conjuro en voz alta.
     ─Tú y yo somos uno. Hermano de Sangre ven a mí en tu destierro y que nuestras almas vuelvan a sentir el placer de ver el miedo que antaño fue de nuestros enemigos.
A su lado un viento envolvió a una forma. El Yory, su hermano, había aparecido.
     ─ ¡Venga Geret quiero  machacarle y comerme su órganos! ─dijo el Yori cuando estuvo enfrente del Señor de los Shinigamis. Jantaro vio aquel espíritu y recordó la masacre del pueblo y un miedo atenazó su alma, pero se despertó cuando Vladimir fue  a su lado y le dijo como y porque había aparecido.
     ─Vamos a unirnos ─dijo Jantaro convencido.
     ─Concéntrate, dame la mano y ponte a mi nivel de energía. Mantenlo, y después visualiza nuestra unión en tu mente.
El Señor de los Shinigamis no iba a permitir que aquellos dos hicieran una fusión de almas. Esa fue su primera reacción, lo que él no preveía era que los dos espíritus le atacaran sin avisar por los dos lados. Las cuchillas de aquellos seres encorvados eran paradas por el escudo azul que le envolvía. El viento se llevó los cuerpos del mayordomo muerto y de Alasthor. Amelia, muy fatigada transformada en humana sujetaba como  podía a Bo que estaba inconsciente, pero las serpientes y el niño también rodaron por la sala.
El Señor de los Shinigamis sujetó por el cuello al Yory y cuando Geret lo vio, concentró todo su Ki para herirle en el brazo que lo sujetaba y así liberar a su hermano que reía como un poseso. Estaba verdaderamente disfrutando de la pelea.
Jantaro y Vladimir ya estaban al mismo nivel de energía. El Señor de los Shinigamis se dio cuenta y aumentó su poder. Los dos hermanos fueron engullidos por un vórtice que producían las garras del Señor de los Shinigamis y les trasportó a un vacío, despareciendo de la sala. Cuando se había librado de aquellos dos, fue a por el demonio y a por el hijo del Señor de Larimar. Gatira hizo un movimiento desesperado al ir a por él con su espada, pero sólo pudo darles un par de segundos al ser golpeada por la energía de éste en el vientre. Salió despedida en la dirección de Amelia, que la atrapó en el aire. Bo se despertó y usó su cuerpo para protegerlas del golpe contra el suelo.
     ─ ¿Bo, estás bien? ─preguntó Amelia.
El gato no contestaba sino que observaba la trasformación que habían realizado con éxito Jantaro y Vladimir. Era un ser parcialmente rojo, con alas negras que emitían descargas eléctricas que le envolvían como un campo de fuerza. Su rostro era una curiosa simbiosis de los dos. Aunque sus ojos grises irradiaban miedo el resto era afable y humano. El Señor de los Shinigamis había llegado tarde y recibió una estocada rápida y precisa de Ilander en su hombro. Éste, se hecho hacia atrás asustado porque su defensa había fallado y un ataque de furia golpeó todo su cuerpo. Alzó las garras y empezó a invocar las almas que estaban prisioneras de los  humanos que sus más devotos seguidores habían reunido para él en las distintas realidades.
.............

Clarent y Rudyt se encontraban en las puertas del castillo luchando contra la guardia tal como Alasthor les había ordenado, De repente, uno de los torreones explotó y miles de almas blancas acudieron al centro del castillo, derritiendo la piedra para hacer un agujero para entrar. El espectáculo de poder hizo detenerse a Paris que ya estaba llegando con su ejército. Elian los vio y ordenó sabiamente a sus tropas la retirada. Clarent se negaba a moverse y abogaba por ir a ayudar a Alasthor, pero Rudyt le convenció al fin, de que su media hora había expirado hacía mucho tiempo y fueron a ocultarse en el bosque. Paris estaba demasiado atento y maravillado con lo que estaba viendo para dar ninguna orden de perseguirlos.
El techo se desplomó en la sala y las almas se introdujeron en el cuerpo del Señor de los Shinigamis. Irradiaba una luz blanca que derretía todo a su alrededor.
Bo cogió a las dos mujeres y se las llevó lejos de aquel horrible shinigami que había quebrantado la más básica ley de sus ancestros. La serpiente y el niño ya despiertos, fueron a su encuentro y las rodearon para protegerlas. Amelia se agachó en el suelo y recogió el bastón de Jantaro que  antes había caído  y se encontraba a pocos metros de ella. 
El Señor de los Shinigamis alzó una garra y las ondas producidas por su movimiento tiraron al suelo a la fusión de Vladimir y Jantaro.
     ─Sigues de una pieza. Eres fuerte, pero a mi lado sólo eres una débil cucaracha a la que voy a pisotear ─dijo mientras éste se levantaba del suelo con dificultad con el cuerpo  magullado.
Una voz se oyó en un lado apartado de la habitación.  Era Retir, que estaba encima de un doble pentagrama que había dibujado lentamente y con cuidado para que no notaran su presencia.
     ─ ¡Cuando quede preso de mi hechizo cortadle la cabeza! ─y empezó a recitar concentrando todo su poder.
     ─ ¡Faradar yo te ato por tu nombre a tu alma! ¡FARADAR POR LOS DIOSES ANCESTROS TE SELLO! ¡FARADAR TU NOMBRE ES MÍO Y CONTROLO TU ESPÍRITU! ­­─se oía repetir una y otra vez  por su boca. El Señor de los Shinigamis empezó a notar que perdía el control de su cuerpo.
     ─ ¡RATA, ALIMAÑA, ME HAS TRAICIONADO! ─gritaba poseído de rabia, aunque Retir continuaba sin detenerse.
La unión de los dos se concentró en dirigir todo su poder a Ilander. La espada brillaba de tal forma que Gatira y Amelia no podían fijar la mirada en ella. El Señor de los Shinigamis no se podía mover e intentaba con todas sus fuerzas liberarse del conjuro de Retir. La espada milenaria con un corte rápido decapitó al Shinigami que durante diez mil años había regido aquel mundo sin que nadie pudiera hacer nada. Su cuerpo se convulsionó y miles de almas escaparon de él, destrozandolo todo. El castillo se iba a derrumbar. Jantaro y Vladimir se  separaron casi sin fuerzas ya convertidos los dos en humanos. Amelia y Gatira corrieron hacia su correspondiente pareja mientras la tierra se quebraba a sus pies y todo a su alrededor se derrumbaba.
     ─Tenemos que salir de aquí ─dijo Vladimir a Gatira, que sacó el bastón que el señor de Larimar le había dado en su palacio tiempo atrás. Jantaro recibió el suyo de Amelia y los cuatro se miraron antes de desaparecer. Amelia echó un último vistazo y vio a Bo, supo al instante que estaría bien y que no la necesitaban para regresar a su dimensión. Una explosión atroz sacudió el castillo sin dejar rastro de el.

lunes, 20 de mayo de 2013

JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (tercera parte), Literatura fantástica gratis


La habitación se estremeció y aparecieron cientos de arañas gigantes. Medían un metro y eran negras como el alma de su señor. Atacaron al Haborym con un líquido verde que salía de sus bocas. Éste corrosivo estaba haciendo heridas en sus patas produciendo que perdiera el equilibrio. Amelia no lo estaba pasando mejor, intentaba evitar a los arácnidos envolviendo su cuerpo con llamas, pero eran ignífugas. Un viento, afilado como cuchillas atravesó el cuerpo de los espíritus que estaban acorralando a Amelia. Mientras que las que atacaban al Haboryn se paralizaron parcialmente dándo la oportunidad al espíritu de la chica de aplastarlas de cuatro en cuatro.
Geret, el espíritu de Jantaro estaba a su lado encorvado como siempre. No le quitaba ojo a una bestia de metal que se había conseguido levantar del suelo. Geret empujó a Amelia y desapareció de su vista para resurgir encima de la cabeza del gigante, afilando sus manos contra su cabeza. Las chispas envolvían su cuerpo mientras torpemente intentaba derribar al intruso que se le había colocado de sombrero.
     ─Baja insecto ─pero no conseguía alcanzarlo.
Al fin el plan de Geret funcionó. Los ojos de aquel espíritu, su única parte vulnerable se cegaron debido a las chispas producidas por las cuchillas.
     ─ ¡Ahora Jantaro! ─le gritó Geret.
Éste miró al Harobyn que comprendió al instante al leer sus pensamientos. La serpiente le cogió con la boca y le lanzó hacia aquel monstruo que daba bandazos retorciéndose de dolor. Con Ilander en sus manos, concentró su Ki y la espada se iluminó. Con extrema habilidad le cortó la cabeza de un solo golpe. El espíritu del gigante de metal desapareció y Jantaro, ya en el suelo corrió hacia Amelia para abrazarla. Los dos se juntaron en aquella batalla y todos sus problemas desaparecieron durante unos segundos mientras estaban entrelazados. Su discusión había sido olvidada y la felicidad inundaba sus cuerpos por haberse encontrado una vez más. No tuvieron tiempo para hablar, pues volvieron a la realidad cuando el Señor de los Shinigamis empezó a reírse.
     ─ ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya poder tiene la espada! Pero habéis cometido un error.
     ─ ¿Qué pasa discípulo? ¿Es ese el poder del que tanto presumías? ¿El famoso Ki del vacío? ¿Convocar arañitas peludas? ─dijo Bo mientras le sacaba la lengua.
     ─No, eso era una distracción  para  poder reunir el poder. No es fácil. Debisteis atacarme a mí en vez de a mis espíritus.
 Una energía azul le envolvía desde la cabeza hasta las garras de los pies, que desprendían rayos y que pulverizaban el cristal que pisaban. Era una imagen escalofriante y un frío aterrador inundo la sala. Dos relámpagos iluminaron la habitación y fueron a dar donde no había nadie. O eso es lo que parecía.
     ─ Astel; ¿crees que puedes engañarme a mí, al Señor de los Shinigamis con una burda ilusión?... 

jueves, 16 de mayo de 2013

JANTARO EN EL MUNDO DE LOS SHINIGAMIS CAP. 18 (segunda parte), Literatura fantástica gratis



Jantaro, Vladimir y Gatira todavía seguían en la habitación ocultos, recobrándose después de sus luchas con los soldados de la guardia del Señor de los Shinigamis.Varias patrullas habían pasado cerca de ellos buscándolos, pero gracias a la ilusión proyectada por Vladimir habían pasado de largo. De repente,Jantaro escuchó a shinigamis correr más rápido que antes y voces que decían que el ejército del hijo de Jawet estaba a las puertas del castillo.
     ─Es nuestra oportunidad ─dijo Jantaro.
     ─Sí, es hora de movernos. Hemos hecho bien al quedarnos aquí. Vosotros dos estabais muy débiles ─Gatira  afirmó con rotundidad dándole la razón a Vladimir mientras desaparecía la ilusión. Ahora podían ser vistos.
     ─Silencio; id cada uno detrás del otro ─dijo Vladimir y los tres le siguieron en silencio por un pasillo.
Anduvieron varios minutos sin encontrar resistencia. Parecía que Alasthor estaba haciendo bien su trabajo de distracción, tenían que ahorrar energías por si se encontraban con el Señor de los Shinigamis. Jantaro buscaba algún signo de Amelia, aunque todavía no la percibía. En ese instante se oyó un ruido ensordecedor y la fuerza vital de ella creció hasta su máximo poder. Jantaro apremió a sus compañeros.
     ─ ¡Rápido es por aquí! ¡Seguidme! ─y subieron corriendo por unas escaleras al piso superior.
………………………

 Amelia se encontraba en la sala más extraña que había visto en su vida. Tenía una gran altura y era muy grande, el suelo era un cristal gigantesco repleto de signos en una lengua para ella desconocida. El mayordomo personal del Señor de los Shinigamis; Menfist, la puso debajo de una estrella de doce puntas con los doce signos zodiacales pintados de color rojo. Amelia pensaba que ya había fingido demasiado y se iba a trasformar, cuando, de repente, una puerta que ella no había visto se abrió y surgió la figura escalofriante del Señor de los Shinigamis.
     ─ ¿Está todo preparado? ─preguntó
     ─Sí mi amo ─respondió Menfist haciéndole una reverencia.
     ─Bien, traedlo entonces.
Dio la orden a los dos mismos soldados, que trajeron el cuerpo atado de Alasthor por los pies y por las manos. Lo tiraron al suelo sin ninguna delicadeza y salieron de la habitación. Amelia al verlo intentó ir a su lado, pero Menfist se lo impidió agarrándola de la muñeca.
     ─ ¡Papá! ¿Estás bien? ─le dijo a cierta distancia
     ─ ¡Si hija, tú no te preocupes! ¡Te salvaremos!
     ─Que enternecedor ─dijo con jactancia el Señor de los Shinigamis. Pero pronto cambió de expresión cuando Amelia se transformó en un shinigami.
     ─ ¡Esto no es posible! El brazalete no se puede inutilizar a no ser que mueras.
En la mano de Amelia se formó una campana, la tocó y el espíritu Haboryn apareció en su forma completa. Con la tres cabezas en un cuerpo blanco, con cuatro patas y cola de dinosaurio.
     ─Mirad hermanos, quien está ahí ─señaló el gato 
     ─Es nuestro antiguo discípulo ─dijo la serpiente.
     ─Vamos a darle nuestra última lección ─se jactó el niño.
Un fuego rojo salió de sus bocas en dirección al Señor de los Shinigamis. Éste invocó a un ser de casi cuatro metros formado de hierro forjado que recubría todo su cuerpo. Éste se  interpuso entre las llamas y su amo. La habitación retumbó.
Bo sonrió y saludo a la bestia que había sido llamada.
     ─ Cuánto tiempo Kreler ¿Todavía sigues a las órdenes de este traidor?
     ─Bo. Me alegro verte. Todavía no has aprendido la lección después de la paliza que te di en aquel río hace diez mil años   ─una voz ronca salió de su garganta y dio un puñetazo al Haborym, pero éste lo esquivó y con su cola derribó a aquella bestia de metal tirándola al suelo.
Amelia intentaba acercarse a su padre para liberarle pero un ser parecido a un perro, pero con colmillos de sable en su boca, se interpuso en su camino. Amelia miró a su alrededor y vio que había sido invocado por el mayordomo. En ese un momento un dragón negro decapitó a Menfist de un mordisco, haciendo desaparecer a su espíritu. Alasthor corrió hacia su hija.
     ─ ¿Te encuentras bien? ─la preguntó con preocupación.
      ─Sí padre. ¿Cómo te has liberado?
      ─No lo sé. De repente noté que un aire frío pasaba a mi lado y las ataduras se rompieron.
Garot se ocultaba en la sombras indetectable para los que allí se encontraban. No había liberado a Alasthor porque él quisiera, sino porque tenía órdenes del Señor del Inframundo.
El Señor de los Shinigamis estaba lleno de rabia. Su espíritu,Kreler, estaba en el suelo y no se podía levantar debido a su gran peso, ademásAlasthor se había liberado. Se concentró y unas mujeres con el pelo rojo aparecieron en la sala.
Llevaban vestidos de tela blanca y sus ojos eran de color negro. Al instante desplegaron dos alasde murciélago y una uñas como estacas les crecieron. Se pusieron a volar. Dos atacaron al Haborym, mientras que la tercera destruyó con un solo golpe al dragón de Alasthor. Después fue a por Amelia, y en el instante en que iba a atacarla,Alasthor se interpuso en su camino quedando ensartado entre la criatura aérea y su hija. La mujer alada fue golpeada por la cabeza de la serpiente que ya se había liberado de las otras dos, tirándola al suelo y desapareciendo.Alasthor estaba en el suelo junto Amelia, que lloraba mientras intentaba tapar la herida con sus garras.
     ─Papá. No te mueras por favor.
     ─Lo siento hija mía. Siento de verdad haberte metido en esto. Tú eras tan inocente y feliz con tu madre… ─en ese instante empezó a toser sangre─. Sabes, tú nunca has estado sola. Yo siempre te vigilaba para que nada malo te ocurriese.
     ─Papá, no te vayas. Vuelve conmigo, junto a mamá.
     ─ ¿Tú madre? ¿Sabes?, me enamoré de ella. Creó que todavía la quiero, me costó mucho dejaros a las dos.
Seguía tosiendo y surgieron las convulsiones, sin embargo, una sonrisa apareció en su cara.
     ─ ¿Quieres saber por qué nunca te enseñé a aparecer después de trasformada con tus ropas intactas? ─Amelia no contestó. Ella lloraba y sus lágrimas caían sobre el cuerpo de su padre─. Porque eso te hace consumir un poco de tu Ki interior y yo quería que lo tuvieras todo para que no te pasara nada. Cuando dijo la última palabra exhaló su último suspiro.
     ─ ¡Noooo! ¡Padre! ─Amelia se levantó y miró con odio al Señor de los Shinigamis. Aquella criatura horrible le había arrebatado todo. Su vida tranquila junto a su madre y ahora a su padre, que empezaba a querer. Concentró su energía y su cuerpo empezó a irradiar calor. El Haborym  brillaba y un haz blanco surgió de sus cabezas hacia el Señor de los Shinigamis. Éste se concentró en su Ki. Y una barrera de energía le protegió.
─¿Crees sucio engendro que en diez mil años mis poderes no iban a crecer? Mientras tanto los tuyos son iguales. Ahora controló el Ki del vacío, el más poderoso de todos. Puedo crear energía de la nada. Te lo demostraré.